jueves, 29 de mayo de 2014

Capítulo 9. Quédate si quieres

¡Mierda! ¡Las 5 y cuarto y todavía no he salido de casa! ¡Y encima el móvil no para de sonar! Dejo el peine sobre el lavabo  voy corriendo hacia mi habitación donde lo dejé mientras me estaba vistiendo, pero con tanta ropa esparcida por toda la cama no sería capaz de encontrar ni un elefante. Me quedo quieta de rodillas sobre la cama un par de segundos e intento escuchar de dónde viene exactamente el sonido, hasta que por fin levanto una camiseta de tirantes y lo veo vibrar mientras se le ilumina la pantalla con una foto de Dani sonriendo. Sí, con esa sonrisa tan bonita que hasta duele.
-Perdón, perdón, perdón, perdón, perdón, perdón –Digo rápidamente justo después de descolgar el teléfono sin dejar ni siquiera que él hable.
-Verás… es que esta mañana he pedido una Anna Simon para llevar y hace ya 15 minutos que debería estar aquí. –Y noto en su voz cómo sonríe al otro lado.
-No se preocupe, su Anna Simon está ya en camino. –Digo mientras corro hacia el cuarto de baño de nuevo para intentar seguir peinándome con la mano que me queda libre.
-No has salido de casa todavía ¿Verdad?
-No. -Contesto en voz baja como si así tuviera menos culpa. –Pero te prometo que en 20 minutos estoy en tu casa calentando y todo. –Esta parte la digo más rápida de lo normal para que no le dé tiempo a interrumpirme y lo escuche.
-Yo creo que a mí no me va a hacer falta calentar… Con el abracito de esta mañana ya he tenido bastante.
-Uy, Martínez, veo que está usted muy necesitado.
-¿Por qué te crees que he pedido una Anna Simon para llevar?
-¿Para eso me quieres? –Digo un poco molesta.
-¿Qué llevas puesto?
-Vete a la mierda, Dani.
-Venga, Anna, no te enfades que era broma.
-Pues no sé donde está la gracia. –Contesto mucho más seria que antes.
-Anna, en serio, que era una broma.
-Me da igual, Dani. Estoy harta ya de ese tema.
-Lo siento.
-Lo siento y se arregla todo ¿No? –No me gusta ponerme así con él y normalmente paso de ese tipo de comentarios, pero me duele que sea precisamente Dani quien haga la gracia.
-No, Anna, es que… soy un imbécil. No sé ni por qué lo he dicho. –Respiro hondo mientras intento poner mis ideas claras y finalmente contesto.
-Mira, es mejor que ensayemos el baile otro día. Hoy me quedo en casa. –Y no es que no me apetezca verle, sino que todo lo que le pueda decir ahora sólo serviría para empeorar la situación.
-Está bien… -Y sin decir nada más, cuelgo. Me quedo pensando en él, en cómo se habrá quedado y en que realmente no lo ha hecho con mala intención, pero sabe perfectamente que lo he pasado muy mal con ese tema y no entiendo por qué ha tenido que sacarlo a relucir.
En el salón, me quito las zapatillas de deporte que finalmente hoy no voy a usar, me siento en el sofá y pongo los pies sobre la mesa mientras hago un poco de zapping para intentar ocupar mi mente como sea. Al final, como siempre, acabo viendo Neox.
A ratos siento una tentación irremediable de ir a por el móvil y hablar con él aunque sólo sea por Whatsapp, pero luego me enfado pensando que debería ser él quien me escribiera a mí para pedirme perdón, así que sigo con mis series y hago como si el resto del mundo no existiera.
Veo Dos hombres y medio, luego un capítulo de Big Bang y cuando termina, empieza otro de Cómo conocí a vuestra madre. Sólo me levanto del sofá para ir al baño o comer alguna que otra galleta en la cocina hasta que llaman al timbre. Me lo pienso dos veces antes de levantarme. No espero a nadie, así que prefiero fingir que no estoy en casa. Pasan los segundos y el timbre vuelve a sonar.
Me levanto como si los brazos me pesaran una barbaridad mientras miro al techo pidiéndole explicaciones a Dios o a quien quiera que sea que esté ahí arriba (y no me refiero al vecino) de por qué no puedo tener una tarde tranquila sin que nadie me moleste.
Llego a la puerta arrastrando los pies y giro el pomo sin ganas mirando al suelo, pero cuando alzo la vista le veo frente a mí, sonriendo pero con la mirada triste mientras sostiene un bol hasta arriba de palomitas.
-¿Me perdonas?
-Anda… pasa. –Digo echándome a un lado mientras intento esconder la ilusión que me ha hecho encontrármelo ahí de pie.
-Te he traído palomitas porque supuse que estarías viendo series tirada en el sofá. –Y clavando sus ojos tristes en los míos, estira los brazos hacia mí ofreciéndome el bol.
-Gracias. –Digo en voz baja mientras lo cojo.
-Bueno, yo… ya me voy. –Se acerca a mí y da dos besos tímidos haciendo que su aroma me embriague al entrar por mis fosas nasales.

-Ya que estás aquí, quédate si quieres. 

jueves, 22 de mayo de 2014

Capítulo 8. ¿En tu casa o en la mía?

“Que quiero seguir comiéndote s besos”
Suenan las últimas notas de la canción que vamos a bailar. Mientras la escuchábamos, Dani y yo no hemos podido dejar de mirarnos a los ojos sonriendo.
-Jo… qué bonita. –Digo mientras me seco los ojos con el dorso de la mano.
-¿Vas a llorar? –Dani se acerca y me abraza acariciándome la espalda al mismo tiempo.
-No, es sólo que… no sé. Es la primera vez que escucho una canción que le da voz a ese problema y me he emocionado un poco.
-Entonces te ha gustado ¿No? –Pregunta Lola mientras pone los brazos en jara colocando las manos sobre su cintura.
-Mucho.
-¿Y a ti, Dani?
-Está bien, pero no tiene ritmo. No sé cómo vamos a bailarla. –Al oírle decir eso no puedo evitar que se me escape la risa y él me mira como si no entendiera nada.
-Para eso estoy yo aquí, para enseñaros a bailarla… Y para que sepáis encontrarle el ritmo, porque si no, no vamos a ningún lado; así que –Da dos palmadas firmes y continúa. -¡Manos a la obra! Primero quiero que exterioricéis los sentimientos que os transmite esta canción. Quiero que vosotros seáis los protagonistas de esta historia, que la viváis. Os la voy a volver a poner y quiero que os abracéis y os dejéis llevar por la música.
-Esto me empieza a gustar más. –Dice Dani frotándose las manos mientras saca a relucir su perfecta sonrisa de medio lado y se acerca a mí con los brazos abiertos para darme un abrazo.
-Espera, espera. –Dice Lola mientras le agarra haciendo que frene. –No quiero un abrazo de amistad. –Se pone muy seria y nos mira a los dos repetidas veces. –Quiero un abrazo de amor. Quiero que seáis una pareja que no sabe cuándo va a llegar el fin, cuándo la enfermedad va a romper con todo, y sólo pueden aferrarse a los besos del otro ¿Está claro?
-Sí, sí. –Contesta Dani mucho más parado que antes. Yo asiento con la cabeza por miedo a intentar hablar y que no me salga ni la voz ¿Ha dicho que quiere un abrazo de amor? Yo no sé si voy a ser capaz de hacer eso con Dani; y mucho menos después de haberme llevado todo el fin de semana dándole vueltas a lo que significó para él aquel jueves en el que casi no se separó de mí. Y sobre todo, en qué significó para mí.
-Vamos a ello. –Lola vuelve a darle al botón del play y se aparta dejándose caer en la pared mientras nos observa con los brazos cruzados. Suena de nuevo la música y yo me pongo nerviosa mirando a todas partes, sintiéndome incomoda rodeada de tantas cámaras. Intento pensar que esto es trabajo y que me tengo que comportar como si estuviera en El Hormiguero, pero no puedo. Por algún extraño motivo me siento como si estuvieran grabando parte de mi intimidad, de mi vida privada. El tacto de las manos de Dani rodeando mi cintura me hacen volver a la canción que suena en estos instantes y me dejo hacer colocando mis brazos sobre su cuello y apoyando mi cara en su pecho. Cierro los ojos y respiro hondo para tranquilizarme, pero Dani acerca mi cadera un poco más a la suya y lo que consigo es todo lo contrario. Huele tan bien…
“Y es que el miedo que yo tengo es simplemente no poder saborearte lo suficiente…”
La música sigue sonando y empiezo a sentir la letra ¿Qué pasaría si Dani no estuviera nunca más? Aprieto un poco más su cuerpo contra el mío para sentirle más cerca y no dejarlo escapar. No quiero que se vaya; pero que no se vaya nunca. No quiero que volvamos a estar meses sin hablar como cuando terminó Otra Movida. Que no pasen los días sin recibir un solo whatsapp desde su número que me haga saber que ha pensado en mí.
Los ojos se me empañan y me escondo hundiendo la cabeza en su cuello. Dani sube una de sus manos hasta mi pelo y lo acaricia delicadamente, me deja un beso en la sien y vuelve a apoyar su cabeza sobre la mía. Yo jugueteo entrelazando mis dedos con los pelos de su nuca y poco a poco agacha su cara hasta acercarla a la mía, creando así nuestra propia burbuja en la que no importa cuántas personas nos rodean porque sólo nosotros sabemos lo que está pasando en esta habitación.
La música acaba, pero los dos nos quedamos abrazando al otro hasta que Lola se acerca.
-Os habéis metido en el papel ¡Eh! ¿O es que ya lo teníais ensayado de antes?
-No, no. Ha salido… así. –Contesto nerviosa mientras mis mejillas se enrojecen.
-Bueno, pues lo que habéis sentido vosotros ahora es lo que tiene que sentir el público cuando os vea bailar. Tienen que sentir ganas de abrazar a sus parejas, de besarlas y de decirles lo mucho que la quieren; así que venga, no hay tiempo que perder. –Comenzamos a calentar de frente al espejo mientras Dani y yo, uno a cada lado, imitamos los movimientos que nos va dictando Lola. Al principio no podemos evitar parar de reírnos con las tonterías que Dani dice y hace. Minutos más tarde, comenzamos a aprender los que serán los primeros pasos de nuestra coreografía.
Al principio estará todo el plató oscuro salvo por un foco que me seguirá en cada uno de mis pasos. Yo caminaré alrededor de un banco con un ritmo y unos pasos determinados que Lola me va marcando, pero sin llegar a tocarlo nunca hasta que me ponga delante de él y me siente. Justo entonces, me tumbo rápidamente y el plató se ilumina dejando ver que era Dani esa silueta que se veía desde el principio y sobre la que me he tumbado yo luego. Él me tendrá que acariciar la cara y yo agarraré su mano, levantándome rápidamente del banco mientras arrastro a Dani conmigo. Luego me freno en seco y el cuerpo de Dani chocará con mi espalda para que pueda rodear mi cintura con sus brazos.
Por ahora es eso lo que hemos aprendido y repetido como unas treinta veces hasta que se ha pasado el tiempo de ensayo y nos hemos tenido que despedir de Lola. Una vez fuera del estudio de grabación, Dani y yo nos hemos quedado hablando un rato en la puerta.
-¿Quieres que vayamos a comer juntos? –Me encantaría, la verdad, pero ahora mismo sólo soy capaz de pensar en darme una ducha y quitarme toda esta ropa sudada.
-No, Dani. Gracias pero estoy ya muy cansada. –Digo dejando caer los hombros hacia abajo como si me pesasen.
-Vale, no te preocupes. Si quieres te acerco yo, que tengo el coche aquí al lado.
-Prefiero pedir un taxi, no vaya a ser que te acabes cansando de mí.
-Qué tonterías dices, Anna… -Dice mientras se acerca y acaricia uno de los mechones de mi pelo. Yo me aparto involuntariamente. No es que no me apetezca estar con él, sino que no me gusta que me vea con estas pintas más tiempo de lo necesario.
-Bueno, nos vemos el miércoles en El Hormiguero para la promo ¿No? –Digo intentando cambiar de tema.
-No, nos vemos esta tarde para ensayar.
-¿Esta tarde? ¡Pero si estoy cansadísima, Dani!
-Venga, que tenemos que conseguir que el público haga el amor.
-Lola no ha dicho eso exactamente.
-¿En tu casa o en la mía? –Dice serio con los brazos cruzados.
-¿En serio?
-¿En tu casa o en la mía? –Dice con el mismo tono que antes.
-Está bien… en la tuya que tiene más espacio.

-Perfecto, te espero a las 5.

jueves, 8 de mayo de 2014

Capítulo 7. Comiéndote a besos.

Suena el despertador, lo apago y segundos más tarde me levanto de la cama de un sobresalto al recordar que hoy es el día. Lunes. Primer ensayo de A bailar con Lola… y con Dani. Un cosquilleo recorre mi cuerpo de los pies a la cabeza, haciendo que se me encoja el estómago y se me forme un nudo en la garganta.
El jueves fue el día de la reunión. Luego fui con Dani a tomar un par de cervezas y estuvimos toda la tarde hablando hasta que me acompañó a la puerta del Hormiguero. Cuando salí de trabajar, allí estaba él, esperándome con una flor hecha con globos en la mano y con esa sonrisa que me derrite. Fuimos a pasear, bailamos en medio de la calle convirtiéndonos en uno de los temas más hablados en toda España y luego estuvimos a punto de besarnos... O al menos eso es lo que a mí me pareció. El resto de la noche Dani estuvo muy raro. Seguía comportándose conmigo de forma muy cariñosa, pero cuando se daba cuenta de que intimábamos un poco, se volvía rápidamente tan frío como el hielo y así se podía quedar unos minutos hasta que poco a poco se iba derritiendo de nuevo.
Me llevó a cenar a un puesto de perritos que había en Gran Vía y con la comida todavía en la mano, me hizo subir hasta la azotea del edificio que está justo al lado del que tiene el cartel enorme de "Schweppes" en la fachada; y allí, sentados en el filo con los pies hacia afuera, pudimos comernos los hot dogs iluminados por las enormes letras blancas con el fondo de colores y viendo pasar los coches bajo nuestros pies mientras compartíamos risas, anécdotas y alguna que otra tímida carantoña.
Luego me acompañó a casa donde nos despedimos con un beso en cada mejilla a causa de lo cobarde que puedo llegar a ser y desde entonces no he vuelto a saber de él. Ya han pasado tres días sin una llamada, ni un sólo whatsapp. Tres días en los que no paro de pensar, de darle vueltas a todo y de intentar comprender por qué se comporta así; y sobre todo, por qué yo tampoco he intentado hacer nada para solucionarlo.
Abro el primer cajón del armario y saco las mallas negras que uso para hacer deporte. Es decir, que todavía tienen la etiqueta puesta. Se la quito antes de ponérmelas y para la parte de arriba cojo una camiseta holgada gris con cuello ancho de estas que acabas todo el día con un hombro tomando el fresco. Me calzo las zapatillas de deporte y me recojo el pelo en una coleta alta. Me miro al espejo y, a decir verdad, muy sexy no estoy, pero se supone que vamos a bailar y a sudar ¿No? ¿No pretenderán que aparezca con el vestido de la coronación del cava? Me maquillo lo justo para darme un poco de color a la cara, me cuelgo el bolso al hombro, meto dentro las llaves, me pongo las gafas de sol, cojo el móvil y salgo de casa mientras llamo a un taxi que no tarda más de 5 minutos en llegar.
Una vez dentro, saco del bolso el paquete de galletas Príncipe que llevo siempre encima y consigo comerme dos a pesar de no tener nada de bebida que me ayude a bajarlo todo.
Unos 25 minutos más tarde, llego a la dirección que me dieron para ensayar, pago al taxista y salgo del vehículo mientras miro el reloj. Debería haber llegado hace ya 5 minutos, pero estoy todavía tan indecisa con lo de Dani que no sé aún cómo enfrentarme a Dani; de modo que me enciendo un cigarro y lo consumo lentamente intentando tranquilizarme mientras reproduzco en mi mente las posibles formas de pedirle explicaciones por desaparecer así sin más.
Con la última calada me decido a ir de frente y dejarle bien claro que no puede pasar casi un día entero conmigo y luego olvidarse de mí. Y quiero que sepa que estoy enfadada, que así no se trata a una amiga.
Entro en el edificio dando grandes zancadas y con semblante serio. Tengo tanta energía ahora mismo que incluso subo por las escaleras en lugar de esperar el ascensor. No quiero perder ni un segundo más y al fin y al cabo sólo es un piso.
Una vez arriba, levanto la cabeza y veo que Dani ya ha llegado, como era de esperar, pero también está allí Lola. Parece que voy a tener que dejar los reproches para después… Carraspeo un poco con la garganta para que ambos dejen de hablar entre ellos y vean que ya he llegado.
-¡Anna! ¡Ya pensé que te habías acojonado y no venías! –Dice haciéndose el graciosillo. Yo contesto con una sonrisa claramente forzada, pero parece que no se da cuenta y se lanza hacia mí para abrazarme. Me frota la espalda con la mano y antes de separarse la coloca sobre mi nuca y me deja un beso en el cuello que eriza mi piel al instante. Se queda a mi lado rodeándome la cintura y aprovecha que Lola se acerca también a nosotros para hacer las presentaciones. –Lola, esta es Anna. Anna, esta es Lola.
-Encantada. –Digo mientras le doy dos besos ¿Por qué Dani no aparta la mano ni siquiera cuando me separo de él?
-Lo mismo digo, aunque ya había oído hablar de ti. –Dice Lola sonriendo.
-Pues yo he visto los ensayos de los concursantes y he de decirte que les das mucha caña. A mí por favor ponme algo facilito. –Dani y Lola se ríen y yo no puedo hacer otra cosa que intentar disimular mi cara de miedo ante lo que se me avecina.
-Al principio todos decís eso y luego me acabáis pidiendo cosas que ni siquiera algunos bailarines son capaces de hacer.
-Bueno, tampoco nos emocionemos que yo de baile… sé más bien poquito. –Dice Dani haciendo ver por fin que tiene tanto miedo como yo, lo cual me tranquiliza bastante. Al menos partimos del mismo nivel.
-Bueno, vamos dentro y empezamos ¿No? –Lola abre la puerta que tenemos a la izquierda y nos deja pasar a los dos primero. Aquello es enorme, mucho más de lo que se ve en televisión y todo está lleno de espejos, luces y altavoces.
-¡Qué nervios! –Digo dando pequeños saltitos con los pies juntos y los puños cerrados flexionando los brazos frente al pecho. -¿Qué tipo de baile nos toca?
-Paso a paso, Anna. Primero tenemos que calentar.
-Los preliminares son importantes, cuqui. –Dice Dani sonriendo de medio lado justo antes de guiñarme un ojo.
-¡¡Yo quiero saber qué canción nos toca!! –Contesto a Lola poniendo voz de niña pequeña.
-Bueeeeno… Haré una excepción porque sois los invitados. Os voy a poner la canción y quiero que la escuchéis muy bien porque luego os voy a preguntar qué es lo que habéis entendido para que podáis luego interpretar bien el baile ¿De acuerdo?
-¡¡¡Síi!!! –Dani me mira y se ríe agachando la cabeza. Siempre le ha gustado verme tan ilusionada.
-¡Anna, no han pasado ni tres minutos de clase y ya estás motivadísima! –Y la verdad es que Lola tiene razón. No sé por qué, pero estoy deseando empezar ya a montar la coreo y de paso pasar todo el tiempo que pueda con Dani, que es una fuente de risas asegurada. –Bueno, la canción se llama “Comiéndote a besos”. A ver si os gusta. –Enchufa el reproductor de música a los altavoces y pulsa el play. Empieza a sonar.


jueves, 1 de mayo de 2014

Capítulo 6. Violines

Paseamos sin saber muy bien a dónde, aunque yo creo que Dani tiene algún lugar concreto en la cabeza y no me lo quiere decir. De vez en cuando le pregunto y le suplico que confiese; incluso jugueteo apuntándole a la cara con la linterna del móvil como si fuera un interrogatorio, pero se ampara bajo la frase “No hablaré hasta que no venga mi abogado” y no consigo que suelte palabra.
Hablamos del nuevo programa, de sus bolos, de nosotros… Hablamos de Pedroche y siento una punzada que no comprendo en mi estómago. Dani me cuenta que últimamente están volviendo a hablar y que no quiere perder su amistad, lo cual hace que me arme de valor y le pregunte algo de lo que no sé si quiero saber la respuesta.
-¿Sigues enamorado de ella? –Ni siquiera soy capaz de mirarle a la cara mientras hablo.
-¿De Cris? Esa historia ya acabó, Anna. Nos hacíamos daño el uno al otro aunque siempre fue una buena amiga. –Sonrío un poco más tranquila, pero de mi boca vuelven a salir palabras sin pedirle permiso a mi cabeza para hacerlo.
-¿Y no has pensado nunca en… no sé… que quizás en un tiempo podáis…? –Ni siquiera soy capaz de terminar la frase. Dani suelta una carcajada al oírme.
-Creo que acabaría volviéndome loco si volviera a pasar por eso. Ahora miro al futuro, que es mucho más sano. Estoy centrado al cien por cien en el programa y con eso me vale.
-No quieres más mujeres en tu vida… -Digo intentando fingir que no me afecta.
-Con las que tengo estoy más que satisfecho. –Contesta mientras pasa el brazo sobre mis hombros y me aprieta fuerte contra él -¿O te crees que te vas a librar de mí tan fácilmente? –Dice entre carcajadas.
-Está claro que no. Ahora nos toca ensayar todas las semanas una coreografía. –Intento cambiar de tema para darle un respiro a mis piernas temblorosas y mi corazón exaltado; y ya de paso que me explique por qué no está tan asustado como yo por no hacer el ridículo en la grabación.
-Eso me ha comentado Flo mientras estabas en El Hormiguero.
-¿Y te ha dicho que canción nos toca o algo?
-Nada. Sólo que el lunes empezamos con Lola.
-Pues más te vale practicar para que nos salga perfecto porque me niego a ser carne de zapings en televisión. –Bromeo intentando aparentar autoridad.
-Usted manda. –Baja la mano desde mis hombros a mi espalda y me hace girar colocándome frente a él. Con la mano que le queda libre agarra la mía y comienza a bailar una especie de vals siguiendo el ritmo de una música que él mismo hace con la boca. –Na na naaaa na naaaaa.
-¿Qué haces, Dani? ¡Qué vergüenzaaa! –Digo gritando en un tono muy bajito para no llamar más aún la atención. Dani sonríe y hace caso omiso a mis palabras mientras sigue marcándome pasos de baile y tarareando. Aparta la mano de mi espalda y alza la otra haciéndome girar sobre mí misma y vuelve a acercarse a mí apretándome fuerte contra él.
De fondo empieza a sonar un conjunto de violines que se van acercando y veo cómo los músicos que hace un rato estaban intentando ganar unas monedas al otro lado de la Plaza Mayor se van colocando a nuestro alrededor. La gente empieza a mirarnos y a mí me entra una risa nerviosa que no soy capaz de controlar. Cada vez tenemos más público e incluso soy capaz de ver algún que otro teléfono móvil que nos graba.
-Dios mío, Dani, esto va de cabeza a Youtube.
-Relájate y disfruta. –Y del mismo modo que ocurrió en mi imaginación hace tan sólo unas horas, todo lo que nos rodea comienza a desvanecerse y nos quedamos sólo Dani y yo acompañados de esos violines de fondo. Giramos, nos separamos y nos volvemos a unir impregnando mi nariz de su olor adictivo; y así, pasan los minutos deseando que este momento no acabe nunca. No puedo parar de sonreír y él tampoco deja de hacerlo mientras nos miramos a los ojos casi cerrados por las arrugitas que se nos forman a causa de la felicidad del momento.
Finalmente, los violines tocan las últimas notas y los aplausos de la gente nos devuelven al mundo real. Sin soltar mi mano, Dani levanta los brazos y saluda a todos los que nos rodean inclinándose hacia delante como si de un actor de teatro se tratase. Como siempre digo, le encanta el espectáculo. La gente sigue aplaudiendo y él se crece aún más hasta que pide silencio para poder hablar.
-¡Gracias! ¡Gracias a todos! –Yo me quedo quieta sin saber muy bien a dónde mirar y es que nunca se me ha dado demasiado bien eso de los baños de masas. –Ya sabéis que dentro de poco se abrirán las puertas del Manicomio Maravilloso, así que estad atentos a las promos que la fecha de estreno está muy cerquita. –No puedo evitar soltar una carcajada que hace que Dani se gire hacia mí. Se acerca a mi oído y me susurra. –La publi hay que meterla como sea.
Poco a poco la gente empieza a acercarse a nosotros para pedirnos autógrafos y fotos. Yo me agobio un poco porque no estoy acostumbrada a tantas fotos de golpe, pero a Dani se le ve como pez en el agua; incluso es él quien dirige a los fans para que se vayan poniendo en orden cuando me ve al borde del colapso.
Aunque nos cuesta bastante, al cabo de casi una hora volvemos a estar solos y por fin respiro hondo intentando relajarme.
-¿No tienes ya un poco de hambre?
-La verdad es que con todo el jaleo no me lo había ni planteado, pero ya que lo dices… -Digo mientras me acaricio la tripa con la mano.
-Menos mal porque yo ahora mismo me comería hasta a Flo a la brasa. –Ambos nos reímos hasta que nos quedamos en silencio mirándonos a los ojos sin dejar de sonreír. Es el momento perfecto para un primer beso ¿No? Vamos, Dani, bésame. Bésame, por favor. O al menos dime que me quieres. Mi mente grita con toda la energía que le proporciona la velocidad de los latidos de mi corazón, pero ahí seguimos los dos, callados mientras nos comemos con la mirada. -¿Cenamos ya? –Y me aparta nervioso la mirada.

jueves, 24 de abril de 2014

Capítulo 5. A bailar

-Anna ¿Tienes un momento? –Dice Jorge Salvador mientras me agarra del brazo justo cuando me iba a sentar en las gradas del público con Meri.
-Sí, claro. Dime. –Me paro frente a él y sonrío.
-He estado hablando con Pablo y ya tenemos planeado el calendario de promo para que el programa vaya sonando a la gente. El miércoles de la semana que viene os venís los tres a El Hormiguero.
-¿Flo, Dani y yo? –Pregunto ilusionada. Me cuesta hacerme a la idea de que todo esto vuelve a rodar. De los nervios del estreno, las lecturas de guiones que acaban convirtiéndose en risas, la complicidad en cada programa…
-Sí, pero a partir del lunes tendréis que ir tres veces por semana a ensayar Dani y tú solos con Lola
-¿Ensayar? ¿Con Lola? –No entiendo nada y casi me cuesta aguantar la risa de lo perdida que estoy.
-¡Claro! ¡Para hacer la promo en el programa A bailar!
-¡¿Cómo?! ¿A hacer una coreografía? ¿Dani y yo?
-Sí, pero no os preocupéis que ya está hablado y no os van a dar mucha caña. Más bien será una coreo facilita.
-¡Pero si yo me muevo como un pato mareado!
-Anna, de verdad, tranquilízate que no tendréis que hacer piruetas ni cosas raras. Además, que ya te ha visto media España bailando para presentar el rankging y las coreografías que te marcaba Miriam en TCMS y lo haces genial.
-¿Y Dani que dice de esto? –Digo deseando encontrar su apoyo.
-Dani está encantado. –Contesta Jorge riéndose. –Ya sabes que a él siempre le ha gustado dar espectáculo.
-Sí, pero eso de bailar…
-Anna, contigo bailo hasta yo si hace falta. –Dice mirándome de arriba abajo mientras me come con los ojos.
-Ya… -Contesto un poco molesta. Aunque ya me he acostumbrado a ese tipo de comentarios, me sigue doliendo que me lo diga gente a la que quiero y aprecio; por eso dibujo una falsa sonrisa en mi cara y me siento al fin en las gradas. Suspiro e intento imaginarme bailando con Dani en el plató rodeada de público, nerviosa y temblando como un flan. Seguro que me equivoco en algún paso o me tropiezo y Dani tiene que agarrarme para que no me caiga al suelo. Me agarraría fuerte pegándome a él y sentiría su pecho agitado por el baile contra el mío. Luego me sonreiría como hace siempre que necesito tranquilizarme y lo que conseguiría sería acabar poniéndome más nerviosa. Pero… ¿Por qué en mi imaginación ha desaparecido todo el público del plató? El jurado, los cámaras… todo se ha desvanecido y sólo quedamos Dani y yo girando, mirándonos a los ojos, sosteniéndonos fuerte con las manos ¿Y por qué me gusta tanto la idea de que pueda llegar a ser real? Cierro los ojos e intento poner la mente en blanco. “Lo importante es la promo, Anna, el programa” me digo a mí misma.
Una hora más tarde comienza El hormiguero. Hoy el invitado es Jorge Fernández con el que siempre me he sentido muy a gusto y si todo va según lo previsto, me debería dar tiempo a enseñarle un par de trucos. Durante la entrevista del principio estoy bastante dispersa, pero cuando Pablo me presenta y las cámaras me enfocan olvido todo lo que no esté relacionado con el programa y consigo hacer la sección lo más divertida posible. Pablo me dice que estoy muy tontita y yo hago como que no le he escuchado, pero sé que es verdad, que estoy muy ilusionada con el nuevo proyecto y no puedo evitar parecer hiperactiva.
Bromeo con Pablo, hago bromas sobre su altura y nos miramos cómplices sabiendo que en realidad yo mido casi lo mismo que él. Jorge está también muy participativo y consigue dar bastante juego, fingimos un poco de coqueteo, él me tira los trastos y yo salgo del paso como puedo aunque sin poder controlar el rubor de mis mejillas.
Minutos después termino la sección, lanzo besos al público mientras me despido y me quito el micro en cuanto la cámara deja de enfocarme. Corro al camerino mientras miro el reloj en mi muñeca a toda prisa sabiendo que Dani vendrá a recogerme a las 22:30; o más bien a las 22:28. Siempre con dos minutos de antelación.
Sobre el sofá se ilumina la pantalla del iPhone que no para de vibrar. Pongo el código para desbloquearlo y abro Whatsapp. Es Dani.
“Qué guapa estás con ese vestido”. “Y ese coqueteo con Jorge Fernández? A ver si al final voy a tener que compartirte con él”. “Vaya plano te acaban de hacer… Estás preciosa”. “Volviendo al tema del vestido, no te lo quites, quiero ver en directo lo bien que te queda”. “Señorita Simon, estoy ya en la puerta del estudio. No me haga usted esperar demasiado”.
Mi cuerpo se activa a medida que voy leyendo cada whatsapp que me ha dejado Dani y noto cómo se tensan cada uno de mis músculos. Lo vuelvo a leer todo asegurándome de que no ha sido una enajenación mental mía y que realmente Dani me estaba viendo en El Hormiguero. Que me estaba viendo y me ha dicho que iba preciosa. Que me ha pedido que me deje el vestido puesto.
Me giro rápidamente hacia el espejo y me coloco bien el fino cinturón de cuero marrón sobre el vestido de encaje azul marino con tirantes relativamente anchos y cuello redondo. Giro rápidamente sobre mí misma haciendo que la falda con un poco de vuelo se levante y vuelva a caer sobre mis muslos de forma natural. Miro hacia abajo y me replanteo la posibilidad de cambiarme los tacones… No sé si aguantaré toda la noche con ellos, pero conjuntan perfectamente y me quedan genial, así que aprieto los puños mientras respiro hondo, me atuso un poco el pelo, me aparto el flequillo de la cara, cojo el bolso y me lanzo camino de la calle. Salgo del estudio y centro mi mirada en él, que me regala una sonrisa sincera, apoyado en la pared bajo las letras “Alcalá 518”. Me ruborizo y bajo la cabeza avergonzada. Está tan guapo que hasta duele. Cuando le vuelvo a mirar, tiene un brazo estirado hacia mí sujetando una flor hecha con globos.
-¿Y esto? –Digo riendo mientras la cojo.
-A estas horas está todo cerrado… Pero el payaso que hay en Sol me la ha dejado a muy buen precio. –Contesta sonriendo de medio lado.
-No tenías que haberte molestado.
-Mi madre me enseñó que hay que cuidar a la gente a la que quieres. –Me quedo callada sin saber muy bien qué contestar; o quizás el problema es que tengo tantas cosas que decirle que no sabría ni por dónde empezar. Dani se da cuenta y rompe el silencio. –He intentado reservar en un restaurante que me gusta mucho y quería que conocieras, pero estaban todas las mesas cogidas. –Agacha la mirada y se lleva la mano a la nuca un poco decepcionado consigo mismo.
-No pasa nada. Podemos dar un paseo… Cenar está sobrevalorado. –Digo bromeando intentando hacer que vuelva a sonreír.
-¡Tengo una idea! Espera un momento que lo soluciono. –Coge el móvil y veo cómo escribe un mensaje, pero miro hacia otro lado para que no se sienta intimidado. -¡Listo! –Coloca la mano en la parte baja de mi espalda y comenzamos a caminar, pero ahora su mirada es diferente. Está ilusionado y se le nota. –Te va a encantar.



jueves, 10 de abril de 2014

Capítulo 4. Besos

Suspiro sin poder reprimir la sonrisa al pensar en el rato que he pasado con Dani. Le echaba tanto de menos y teníamos tanto que contarnos que estas 5 horas juntos se nos han pasado volando. Incluso me ha acompañado hasta la puerta de la productora para poder seguir contándome la que liaron él y sus amigos la última vez que salieron por León.
Me habría encantado que se quedara un poco más de tiempo conmigo… Al fin y al cabo hasta las ocho de la tarde no empiezan a maquillarme para el programa de hoy y mientras tanto, aquí en mi camerino no hay mucho que hacer.
Dos golpecitos en la puerta trasladan mis pensamientos al mundo real y me levanto nerviosa del pequeño sofá deseando que sea él.
-Adelante. –Digo alzando un poco la voz para que se escuche al otro lado mientras me peino un poco con las manos. El rato que llevo tumbada me debe haber dejado el pelo fatal. La puerta se abre un poco y Marron asoma la cabeza.
-¿Se puede?
-Sí, claro… -Contesto un poco decepcionada.
-Me ha dicho Pablo que hoy tenemos musical. Te dejo aquí la letra y lo ensayamos en media hora.
-Vale, gracias. –Alargo el brazo para coger los papeles y nos despedimos con una sonrisa. Agacho la mirada para ojear un poco las canciones de esta noche, pero justo cuando se está cerrando la puerta, ésta se vuelve a abrir.
-¿Estás ocupada? –Levanto rápidamente la cabeza y le veo frente a mí con una mano en el bolsillo y la otra en el pomo.
-No, pasa, pasa. –Voy corriendo hacia donde está él, le doy dos besos y cierro la puerta para que tengamos un poco más de intimidad. -¿Qué haces aquí?
-No sé, me apetecía volver a verte. –Sonríe y me derrito ante él.
-Yo también estaba pensando en ti justo ahora, Dani. –Casi sin darnos cuenta, nos vamos acercando el uno al otro. Le miro a los ojos, luego a los labios y de nuevo a los ojos hasta que se lanza y coloca su mano en mi nuca para atraer mi boca a la suya. Me besa. Le beso. Nos acariciamos con dulzura pero también con prisa por recuperar todo el tiempo perdido. Mientras me aprieta contra él, hace que caminemos hasta que se sienta en el pequeño sillón donde yo estaba hace tan solo unos minutos. Yo me coloco de rodillas sobre él con una pierna a cada lado de su cadera y sostengo su cara con mis manos para seguir besándole. Siento como si todo lo que nos tenemos que decir lo estuviéramos haciendo a través de interminables besos y caricias que no podemos reprimir.
-Hace mucho que deseaba que este momento llegara.
-¿Cuánto? –Digo sin parar de besarle deseando oírle decir lo que siente por mí.
-No lo quieras saber. –Contesta sonriendo de medio lado y me muerde la barbilla para quitarme luego la camiseta en un movimiento brusco y llevar su boca al filo de mi sostén. Yo me muerdo el labio inferior y cierro los ojos disfrutando del momento mientras rodeo su cuello con mis manos.
-¿Cuánto tiempo? –Vuelvo a insistir al mismo tiempo que coloco mi cara frente a la suya y le miro a los ojos. Se queda pensando si decírmelo o no y le beso suavemente para ayudarle a tomar la decisión.
-Desde que probé tu piel por primera vez. –Me vuelve a besar y baja poco a poco hasta mi cuello, pero yo me quedo quieta sin saber muy bien a qué se refiere, de modo que vuelvo a sostener su cara con mis manos y la coloco frente a la mía.
-¿Desde el beso en Tonterías las justas?
-¿Qué? –Dice algo despistado. –Me refiero a lo de esta noche.
-¿Esta noche? Pero si eso fue un sueño, Dani.
-¿Y esto qué es? –Y de un sobresalto me despierto con el corazón latiéndome a toda velocidad y la respiración entrecortada. Llevo mi mano derecha a mis ojos y los cierro tras ella, respiro hondo y suspiro. Miro a mi alrededor y no hay nadie en mi camerino. Ni rastro de Dani, nada; y en cambio siento como si se acabara de ir de mi lado. Siento su aroma, su tacto en mi piel. Siento que hace tan solo un par de horas que nos despedimos y aún así ya le necesito.
Busco el móvil en el bolso, abro whatsapp y deslizo mi dedo por la pantalla hasta que encuentro la última conversación con Dani y veo que está en línea. Pensaba dejarle un mensaje y que me contestara cuando lo viera, pero ahora lo va a ver enseguida… Me ruborizo un poco y me pongo nerviosa imaginándole en su casa al otro lado del móvil leyéndome. Me lo pienso un par de minutos y finalmente empiezo a escribir.
“He hablado con mi abogado y me ha dicho que tienes que borrar la foto que me has hecho esta tarde pintando en la valla, que me puede causar problemas *carita guiñando*”
“No te preocupes, que a las personas mayores como tú no les meten en la cárcel por pintar en las fachadas” –Sonrío. Cómo le gusta llamarme abuela…
“No es eso lo que le preocupa, sino que sepan que he estado contigo. No eres una buena compañía, Martínez”
“Eso significa que no nos vamos a poder ver más?”
“No sé… qué más opciones hay?” –Me encanta que volvamos a los tiempos de antes cuando podíamos alargar una broma todo el tiempo que nos fuera posible y con eso nos servía para distraernos toda la tarde.
“Podemos vernos en secreto, como Romeo y Julieta” -¿Cómo Romeo y Julieta? ¡Pero si esos dos estaban enamorados! ¿Qué habrá querido decir con eso? Me pongo tan nerviosa que me cuesta hasta escribir.
“Creo que ese no es un buen ejemplo, al menos yo no quiero acabar como ellos”
“Te refieres a acabar enamorados? Porque luego bien que sueñas cosas indecentes *Carita sugerente*” –Sonrío, pero lo hago de vergüenza ¿En qué momento se me ocurrió contárselo?
“Idiota”
“Siempre te han gustado los idiotas o sólo te pasa conmigo?”
“Y tú? Siempre vas tan subidito conmigo o eres capaz de tratarme decentemente algún día?”
“Mmmm… No sé. Te paso a buscar esta noche y lo comprobamos?” –¡Sí, claro que sí! ¡Ven a buscarme y llévame a donde quieras! Aunque si le digo eso quizás se asuste un poco…
“Suena tentador pero… las abuelas necesitamos descansar” –Cierro los ojos y deseo con todas mis fuerzas que insista un poco más.
-“Te prometo dejarte pronto en tu casa” -¿Y por qué tengo tantas ganas de verle? ¿Tanto nos hemos echado de menos que ahora no soy capaz de quitármelo de la cabeza?
-“Bueno… ya sabes que no me pueden ver contigo” –Me encanta que me insista, que demuestre que de verdad le apetece verme.

-“Entonces iré de incógnito. Paso a recogerte a las 22:30 a la productora y no hay más que hablar. Besos.” –Y donde antes ponía “en línea”, ahora sólo aparece “ult. Vez hoy a las 19:52”. 

jueves, 3 de abril de 2014

Capítulo 3. ¿Y tú?

 Salimos de la productora más motivados que nunca. Dani no para quiero ni un segundo contándome todas las ideas que se le han ocurrido para el próximo programa y en algunas incluso yo soy la protagonista; pero cuando llegamos a la puerta de Alcalá 518, Dani se para en seco.
-¿Qué pasa? ¡Vamos! –Digo señalando hacia delante con un movimiento de cabeza.
-¿Qué ha pasado? ¿Por qué han tapado todas las pintadas? Los twiters de los tontacos, las palabras de ánimo… No han dejado nada. –Contesta buscando por todos los recovecos intentando encontrar algún resto de esa pequeña historia de la televisión que logramos crear.
-El ayuntamiento nos obligó a pintarlo hace un par de meses. –Me acerco a él y apoyo mi mano en su hombro. Esas pintadas eran muy importantes para todos, pero para Dani lo eran muchísimo más. –Venga, va. Vamos a tomarnos algo ¿Vale? –Suspira y asiente con la cabeza.
-Pero antes tengo que hacer una cosa. –Mete la mano en el bolsillo izquierdo de su pantalón y saca un rotulador permanente plateado. –Lo llevo siempre por si alguien quiere que le firme una foto y el suyo no pinta bien. –Dice contestando a la pregunta que yo estaba a punto de hacerle. Acto seguido se acerca a la valla y comienza a escribir.
-¿Qué haces, Dani? –Miro hacia los lados asegurándome de que nadie nos está mirando.
-Lo que deberíamos haber hecho hace  ya bastante tiempo. –Me acerco un poco a él y me asomo para ver lo que está poniendo. “Gracias por nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. @danimartinezweb”. Se separa un poco de la valla para mirarlo de lejos y sonríe satisfecho. Yo le quito el rotulador de la mano y le guiño un ojo justo antes de escribir también.
-¿Pero qué estoy viendo? ¡La abuela haciendo pintadas! –Dice riéndose de mí. –¡Este momento tengo que guardarlo para siempre! –Saca el iPhone del bolsillo y me hace una foto mientras termino de escribir.
-“Siempre tontacos, @AnnaSimonMari” –Digo mientras termino de escribir las últimas letras. Me coloco junto a Dani para ver la valla desde un poco más lejos al igual que hizo él antes y rodea mi cuello apoyando su brazo sobre mis hombros.
-Mucho más bonita que antes ¿Verdad Simon? –Nos quedamos unos segundos parados mirando a la puerta como si de una obra de arte se tratase hasta que rompo el silencio.
-¿Nos vamos ya?
-Sí, claro. –Flexiona el brazo y lo levanta un poco para que yo me agarre a él. Cuando lo hago, noto cómo se me eriza la piel al sentir el contacto del roce con la suya y diferentes recuerdos del sueño que he tenido vienen de nuevo a mi cabeza. Sus labios en mi boca, sus manos recorriendo mi cuerpo… -Anna ¿Te pasa algo? Estás temblando.
-Es que… -Retiro rápidamente mi brazo del suyo y lo agarro con la otra mano intentando hacer que pare de temblar. –Estoy muy emocionada con todo esto ¿Sabes?
-No es eso
-¿Qué? –Mi corazón pasa de cero a mil en un solo segundo y siento cómo se me seca la boca.
-Que sé que no es eso, Anna. Te conozco desde hace ya bastantes años y sé que presentar un programa nuevo no te impone tanto como para estar así.
-Pero este no es un programa cualquiera, Dani. –Digo intentando excusarme.
-Mira, no te voy a obligar a que me cuentes lo que te pasa. Sólo quiero que sepas que estaré encantado de escucharte cuando me lo pidas ¿Vale?
-Va, Dani, no te preocupes. Si es sólo una tontería. -Una tontería a la que le llevo dando vueltas toda la mañana
-No tienes que darme explicaciones, simplemente te digo que soy tu amigo tanto para lo bueno como para lo malo. –No quiero que se preocupe por mí, ni que se piense que me pasa algo; pero me da vergüenza contarle lo que he soñado esta noche. –Siempre estaré dispuesto a darte un abrazo de pechotes.
-¡He tenido un sueño erótico contigo! –Digo por fin mientras me tapo la cara con las manos para que no me mire.
-JAJAJAJAJAJAJAJAJA ¿Era eso? –Dani se ríe a carcajadas y yo no puedo hacer más que morirme de la vergüenza. -¡No me lo puedo creer!
-¡Dani, para!
-¿Qué pasa? ¿Te pongo nerviosa, Simon? –Lo que faltaba, ahora tiene un motivo más para reírse de mí; pero por un extraño motivo a mí no me enfada. Más bien me río con él.
-¡No! Me pones de mala leche. –Digo fingiendo estar molesta aunque sin poder evitar sonreír.
-¿Y en el sueño disfrutabas? Quiero decir, que… Soy una bomba sexual ¿Verdad?
-¡Yo que sé, Dani! Era sólo un sueño. Además, me desperté antes de que pudiera pasar nada, así que tampoco hay mucho que contar.
-Si quieres ahora subimos a tu casa y termino la faena.
-¡Más quisieras tú!
-¿Y tú? ¿Quieres? –Me mira levantando una ceja con esa sonrisa de medio lado que me encanta provocar.

-Jajajajaja claro, claro ¡Me muero de ganas de que me beses! –Y como siempre dice mi madre, entre broma y broma la verdad asoma.