jueves, 26 de junio de 2014

Capítulo 12. Manicomio Maravilloso

-¿Qué qué hago aquí? –Pregunta Dani
-Pues ya ves, Annita, que hoy me he levantado en calidad de chófer. –Contesta Flo mientras se gira hacia atrás para mirarnos a los dos. –Como la semana que estuve trabajando de taxista para Otra Movida ¿Os acordáis? –Dice sonriendo.
-Ya que nos quitaban el programa, al menos gastábamos el presupuesto. –Contesta Dani entre risas. Yo en cambio me quedo callada mirando por la ventana alejada lo máximo posible de Dani. Sabía que hoy lo tendría que volver a ver, pero no tenía planeado que fuera tan pronto. Y mucho menos pensaba tener que compartir con él un espacio tan pequeño que no fuera el set de fotografía en el que tendríamos que estar callados, obviamente.
-Lo que me extraña es que la catalana no aprovechara cuando fuimos a Ávila para pegarse un viajecito de gratis. –Dice FLo sin dejar de prestar atención a la carretera. En cambio Dani me mira esperando una respuesta, pero yo permanezco callada.
-Anna –Dice finalmente para llamar mi atención.
-No sé, no me apetecía ¿Qué más da eso ahora? –No me apetecía… es curioso que la excusa sea totalmente diferente a la respuesta real. Claro que me apetecía. Me apetecía pasar un día entero con Dani en una ciudad que no conocíamos descubriendo nuevas calles y dormir y despertar juntos, aunque fuera en habitaciones separadas, pero juntos al fin y al cabo. –Oye… ¿Sabéis más o menos cómo van a ser las fotos? –Digo intentando pasar ese tema por alto.
-A mí lo que me han dicho es que van a ser fotos divertidas. Nada de la típica foto promocional en la que Dani y yo hacemos tonterías mientras tú te cruzas de brazos en medio como si fueras la única cuerda.
-La verdad es que tengo curiosidad por ver el resultado. –Añade Dani frotándose las manos. El resto del camino estoy casi todo el tiempo callada y cuando hablo lo hago para que no me noten rara. No miro a Dani y tampoco le hablo a él directamente hasta que por fin Flo aparca y me salgo corriendo del coche.

-Aquí es. –Flo baja también del coche y se pone las gafas de sol. Entramos en el edificio y cuando damos nuestros nombres, un grupo de seis estilistas se abalanzan sobre nosotros y comienzan a explicarnos todo y como es costumbre en mí, me empiezo a agobiar hasta que Dani se acerca a mí y coloca su mano en mi espalda mientras escucha atento. Al principio no puedo evitar que mis músculos se tensen, pero luego le miro a él y le veo tan relajado que me contagia y hace que esté más tranquila. Parece mentira pero con cuando estamos juntos siento como si él pudiera hacer algún tipo de magia conmigo que sin ni siquiera darse cuenta consigue que desaparezca eso que me pone de mal humor o que me hace sentir triste y lo transforma en paz interior y energía con la que enfrentarme a lo que sea que se me ponga por delante. Por eso me agarro fuerte a él rodeándole con los brazos para unir mis manos al otro lado de su cintura y apoyo la cabeza en su hombro mientras respiro inspirando toda aquella positividad que me irradia.
Dani reacciona dándome un beso en la frente y estira su brazo para acariciar el mío.
-¡Hombre! ¡Por fin te has despertado! –Dice bajito para que los estilistas no se den cuenta de que no les está escuchando.
-Sí, creo que ya es buena hora. –Contesto mientras me miro la muñeca como si llevara algún reloj.
-Menos mal porque antes en el coche he estado a punto de darte con un desfibrilador a ver si reaccionabas.
-Disculpen… ¿Me están atendiendo? Porque luego no lo voy a volver a repetir. –Dice de repente el estilista que llevaba todo el rato hablando.
-Sí, sí, no se preocupe. –Contesta Dani mientras se separa de mí y nos volvemos a colocar en una pose seria. –Vaya… nos ha tocado el simpático. –Me dice irónicamente en voz baja para que nadie más le oiga. Yo me río y el resto del tiempo permanecemos callados. Dani prestando atención y yo… yo dándole vueltas a todo, a cómo voy a afrontar esto, a qué voy a hacer con él y a saber si seré capaz de aguantar otro programa con él sin que sepa que por su culpa muero de amor.
Cuando llegamos al set está ya todo preparado. El decorado es muy blanco, seguramente por el tema de las luces y simula una especie de hospital psiquiátrico con las paredes acolchadas para jugar con el título del programa, ya que éste será “El Manicomio Maravilloso”. En cuanto veo la camilla ya me imagino que me tocará vestirme de enfermera. Y cuando digo “vestirme”, en realidad quiero decir “desvestirme” porque seguro que el modelito no me tapa casi nada.
-Id pasando por peluquería y maquillaje mientras terminamos de cuadrar algunas cosas. –Dice otra vez el mismo de antes. Cuando nos sentamos en los sillones y comienzan a esparcir polvos por nuestras caras, siento como si el tiempo no hubiera pasado. Como si estuviéramos preparándonos un día más para empezar la emisión de un nuevo programa de TLJ u OM. Los tres juntos de nuevo, tan relajados como si estuviéramos llevando a cabo una rutina mientras reímos constantemente con los comentarios que se nos van ocurriendo a cada uno.
Los primeros en estar listos son Dani y Flo a los que terminan de maquillar y peinar casi al mismo tiempo, así que se van al camerino que han habilitado para nosotros y allí comienzan a vestirse. A mí en cambio todavía me siguen peinando y no entiendo muy bien lo que me están haciendo. No sé si es una técnica nueva o no lo sé pero yo cada vez me veo más despeinada. Me han hecho una trenza de raíz, pero cuando yo pensaba que ya iba a acabar, han empezado a sacar mechones de pelo y a darle volumen con una cantidad de laca que debe haber hecho bastantes estragos en el agujero de la capa de ozono.

-Lista. Ya puedes ir a cambiarte en esa habitación de ahí. –Yo me miro al espejo extrañada y temerosa de los comentarios que saldrán en internet en cuanto se publiquen las fotos, pero cuando entro en el camerino y veo a Flo y Dani vestidos y mi ropa colgada en la percha, empiezo a entenderlo todo.

jueves, 12 de junio de 2014

Capítulo 11. El juego

Llevo el dedo índice a mi boca y lo poso sobre mis labios sintiendo aún la calidez del beso de Dani, una calidez que recorre todo mi cuerpo y revoluciona los latidos de mi corazón acelerándolos a una velocidad desorbitada.
Pasan los minutos hasta que consigo calmarme y me esfuerzo para analizar la situación de la forma más objetiva posible: Dani y yo siempre nos hemos atraído y eso es algo innegable. Lo que empezó siendo un juego de despiste hacia la audiencia acabó convirtiéndose en realidad, pero los dos sabíamos que no debíamos y por eso ni siquiera hablamos del tema. Nos limitamos a hacer como si no ocurriera y todo siguiera siendo una broma.
Él empezó a salir con Cris y yo no pude enfadarme ni recriminarle nada por mucho que me afectara. Al fin y al cabo, yo seguía estando con Miki y en ningún momento se me ocurrió dejarlo con él. En el verano en que acabó Otra Movida, los dos nos quedamos solteros casi al mismo tiempo y sería absurdo negar que más de una vez pensé que ese era nuestro momento. Incluso al principio lo pensaba cada día al despertarme y antes de dormir. Y alguna que otra vez durante el día, pero la llamada de Dani nunca llegó.
Quizás di por hecho algo que no era. Di por hecho que lo mío con Dani era algo real y que tarde o temprano acabaría pasando y di por hecho que él tenía tangas ganas de verme como yo de verle a él, pero no fue así. No hablamos en todo el verano y tampoco hablamos cuando estrené PADM ni ANV. Ni siquiera se acercó a mí el día que vino al plató a recoger a Flo para ir a hacer no sé qué.
Desde ese día supe que lo que para mí dejó de ser un juego hacía ya mucho tiempo, para Dani lo fue constantemente y que su partida ya había terminado. No quería jugar más y se olvidó de mí por completo. Me costó asumirlo y perdonarle, pero más adelante me di cuenta de que en realidad no había nada que perdonar. Al fin y al cabo él nunca me insinuó que yo fuera algo más que una compañera de trabajo.
Me hice a la idea de que había estado viviendo una mentira que yo sola había creado; que había vivido en mi propia pompa de jabón que ascendía impulsada por el viento hasta que finalmente se acabó rompiendo y, como era de esperar, la caída fue dolorosa.
Pero yo ya me había curado las heridas. Las había desinfectado con alcohol y la había tapado con un parche llamado Lucho. Yo ya estaba curada hasta que supe que nos volveríamos a ver. Como en la vida misma, las grandes heridas siempre dejan cicatriz.
Me mentalicé como pude de que yo para Dani sólo era una más y que nuestra reacción al encontrarnos sería tan fría como ese helado de limón que tanto le gusta a él, pero no fue así. De repente fue como si siguiéramos estando en Tonterías las Justas. Como si Dani sólo hubiera dejado el juego en Pause y ahora le hubiese vuelto a dar al play. Él quiso seguir jugando y yo, adicta a su juego, no pude decir que no. El único inconveniente es que al ser Dani quien comenzó a jugar desde el principio, él es quien pone las normas y ahora ha decidido jugar en el modo extremo acariciando mis labios con los suyos para poder avanzar de nivel. Y vaya si ha avanzado. Si por mí fuera ahora mismo le pondría la puntuación máxima y le daría todos los bonnus posibles para que pudiera llegar a la última fase con todas las vidas. Pero después de esa última fase… ¿Qué pasaría? Tarde o temprano encontraría una nueva compañera de partida con la que empezar desde cero y yo me quedaría siendo un nombre más en la lista de triunfos de Dani.
Sólo de pensarlo se me empiezan a humedecer los ojos y aprieto fuerte los dientes intentando contener así las lágrimas. Por suerte, el sonido del iPhone avisándome de que acabo de recibir un Whatsapp me saca de mis pensamientos y consigo no mojar mis mejillas. Cojo el móvil y veo que es Flo.
“Saimon, recuerda que mañana es la sesión de fotos para la promo. Yo voy en coche, si quieres te llevo”
“Mañana??? Pero no era la semana que viene???” –Y es que siempre que Dani aparece en mi vida, lo pone todo del revés y acabo sin saber ni en qué día vivo.
“La semana que viene es con todos los colaboradores en el plató. Mañana es la que saldrá en todos los medios para ir creando expectativas”
“A qué hora me recoges?” –Cierro los ojos con fuerza y repito en mi mente varias veces que ojalá no tenga que madrugar.
“A las 7:30” –Mierda.
“Vaaaaaale… Estaré esperándote debajo de mi casa” –Y por último le mando el icono de la carita con sueño.
Vuelvo a dejar el móvil sobre la mesa y me acurruco en el sofá abrazada al cojín en el que estaba Dani apoyado hace un rato. Hundo mi nariz y todavía huele a él. Cierro los ojos un poco más calmada que antes sintiendo que todavía está conmigo, pero no puedo evitar pensar en todo el daño que me ha hecho sin ni siquiera darse cuenta. Flexiono mis rodillas hasta quedarme en posición fetal y así, siendo mecida por su olor, me quedo dormida.
Cuando me despierto son ya las cuatro y media de la mañana. Dentro de tres horas vendrá Flo a recogerme para una sesión de fotos en las que saldré con unas ojeras increíbles… Bendito Photoshop que todo lo soluciona.
Enciendo la tele y sin cambiar de canal siquiera me quedo mirándola como un zombi.
De repente, me vuelvo a despertar. Son ya las 6:45, pero al menos he podido dormir un poco más. Apago la tele pulsando el botón del mando y camino hacia el baño para lavarme la cara. Cuando me miro al espejo casi no me reconozco. Entre la sombra de ojos negra corrida por toda la cara, las ojeras que tengo y lo pálida que estoy parezco un oso panda. Me hago un moño rápido dejándome la cabeza llena de bollos y me meto en la ducha. Sentir el agua caliente cayendo por mi espalda me relaja, pero hoy sólo abro el grifo del agua fría para ver si me despierto un poco.
En menos de 20 minutos estoy lista, cojo una manzana para el camino y salgo de casa, pero cuando llego a la calle y me subo al coche de Flo, no puedo evitar palidecer.

-¿Tú qué haces aquí?

jueves, 5 de junio de 2014

Capítulo 10. Dulces sueños

-¿Segura?
-Sí. –Y no digo nada más porque ni siquiera sé lo que siento ahora mismo. Dani entra cabizbajo en silencio, aunque sus ojos ya no están tan tristes como antes.
-¿Quieres ensayar el baile? –Dice con las manos en los bolsillos mientras encoje los hombros.
-No… prefiero quedarme viendo la tele.
-Está bien. –Camino hacia el salón y Dani me sigue. En el camino no decimos ni una sola palabra. Lo extraño es que a pesar de la tensión que hay en el ambiente, me alegro de que haya venido.
Me siento en el sofá y él hace lo mismo, pero en el que está justo al lado formando una “L” con el mío.
-¿Quieres? –Digo ofreciéndole el bol para intentar empezar alguna conversación.
-No, gracias. –Contesta él casi sin voz. Los dos volvemos a mirar la pantalla de la televisión y así estamos casi media hora en la que me da tiempo a darle mil vueltas en la cabeza a lo que ha pasado.
-Dani… -Gira la cabeza rápidamente hacia mí pero no dice nada. –Antes me he pasado un poco. Lo siento.
-Ya… yo tampoco he estado muy fino que se diga -Dice sonriendo un poco.
-¿Amigos otra vez? –Extiendo el brazo hacia él para que nos demos un apretón de manos que firme esta nota de paz.
-Amigos. –Por fin gira todo su cuerpo hacia mí y coge mi mano con la suya para cerrar el trato, pero luego acerca su boca al dorso de mi mano y continúa. –O lo que tú quieras. –Me guiña un ojo y con su sonrisa de medio lado deja un cálido beso sobre mi piel.
-Creo que por ahora estamos bien así. –Contesto incómoda mientras traigo de nuevo mi mano hacia mí rápidamente.
-¿Nerviosa, Simon?
-¿Volvemos a lo mismo? –Digo algo seria.
-Vaaaaale… ya me porto bien. –Y vuelve a girar su cuerpo en dirección a la tele. Lleva un pantalón marrón clarito y una camisa vaquera que le sienta genial. Y esa barba de tres días sin afeitar rodeándole los labios hace que me estremezca y me quede embobada mirándole hasta que carraspea con la garganta y vuelvo a mirar rápidamente la tele mientras me meto un puñado enorme de palomitas en la boca. Le vuelvo a mirar de reojo con miedo de que se haya dado cuenta de mi embobamiento, pero por suerte sigue ajeno a todo.
Cojo del sofá una palomita que se me había caído en el momento carraspeo y tras pensármelo dos segundos, se la tiro a la cabeza y me pongo a disimular mirándome las uñas.
-¿Qué haces?- Dice frotándose la cabeza justo en el lugar del impacto.
-¿Qué? –Pregunto haciéndome la tonta. Él me mira desconfiado y se vuelve a girar hacia la tele.
Yo me llevo las manos a la boca y simulo el ruido de un volki tolki –Listos para el lanzamiento del segundo misil. –Dani se levanta y riéndose coge el bol de palomitas y lo vuelca sobre mi cabeza.
-Misiles interceptados –Dice haciendo también el mismo sonido, aunque mucho mejor que yo, para ser sincera.
-¡Imbécil! –Digo sin moverme ni un milímetro para que no caigan más pedacitos de maíz dentro de mi camiseta.
-¿Qué? –Contesta él imitándome a mí antes.
-Capullo –Digo intentando aguantar la risa. Echo el cuerpo hacia delante dejando caer las palomitas sobre el suelo y me sacudo el pelo con las manos.
-Anna, por favor, no quiero que la primera vez que te vea así de despeinada sea por este motivo.
¿Por cuál entonces? -Pregunto dándole un punto de sensualidad a mi voz. Él se sienta a mi lado y estira el brazo apoyándolo en el respaldo del sofá por encima de mis hombros. Siento un cosquilleo en mi estómago y sonríe como si se hubiera dado cuenta.
-Quiero verte así cuando hagamos un Ranking Extremo en el nuevo programa. –Vaya… no era la respuesta que esperaba. Aunque siendo justos, soy yo la que lleva cortándole toda la tarde cuando intenta intimar conmigo. Y sí, sé que lo hago para devolverle lo distante que se volvía él el viernes cada vez que yo me acercaba a él, pero en el fondo me gusta que tontee conmigo.
-Dani, ya te he dicho que no pienso participar en esa sección. Si ya me hacía daño en el Ranking normal, imagínate en el Ranking “EXTREMO” –Contesto resaltando esta última palabra mientras acerco mi cara a la suya para que me oiga bien.
-Anna. –Posa el dorso de su mano sobre mi mejilla y la acaricia. –Yo nunca te voy a hacer daño. –Nos quedamos mirándonos a los ojos casi sin pestañear y el mundo se para envolviéndonos a los dos en una delicada y frágil esfera que en cualquier momento se puede romper. Por eso Dani y yo casi ni nos movemos. Sólo nos perdemos en la mirada del otro mientras mis labios se entreabren esperando encontrarse con los de él. Veo cómo se relame y acto seguido se muerde el labio inferior. Coge un mechón de mi pelo y lo enreda en su dedo. Yo agacho la cabeza y tras soltar un suspiro, me aparto.
-Dani, esto no está bien.
-Eso no lo sabemos. –Dice mientras posa su mano sobre la mía y la aprieta con fuerza.-Deja que lo intentemos. Deja que nos equivoquemos si es eso lo que tiene que pasar, pero deja también que nos dejemos llevar por lo que sentimos.
-¿Qué nos dejemos llevar? Vamos a volver a trabajar juntos y eso conlleva una responsabilidad. Los dos sabemos lo que significa trabajar con tu pareja y sabemos que nunca acaba bien.
-No te puedes adelantar a algo que todavía no ha pasado.
-Y tú no puedes prometer que esto no vaya a traer problemas.

Los problemas se solucionan. –Se vuelve a acercar a mí y sin darme tiempo a reaccionar, me deja un beso húmedo en los labios. –Piénsatelo. –Y aprovechando que me ha dejado sin palabras, desaparece del salón hasta que le oigo abrir la puerta de la calle, me desea dulces sueños desde fuera y cierra la puerta tras él.