jueves, 3 de julio de 2014

Capítulo 13. Shooting

¿Cuántas veces les habré visto ya así? ¿Cuántas veces en todos estos años? Algunas delante de las cámaras, otras mientras almorzábamos, otras al salir de trabajar, pero siempre sacando una sonrisa el uno al otro. Y a pesar de que han pasado los años, siguen siendo tan amigos como al principio. Sonrío al verles y me apoyo en el marco de la puerta con los brazos cruzados esperando a que se den cuenta de que estoy allí.
-¡Que estoy loquísimo! –Dice Dani mientras se abalanza hacia Flo para clavar la frente en su pecho ya que tiene las manos inmovilizadas con una de las camisas de fuerza que los de vestuario han elegido para nosotros. Yo me río al ver que a pesar de que le pone mucho entusiasmo, no consigue desplazar a Flo ni un milímetro hacia atrás y al oírme por fin me ven.
-¡Annita, ven! ¡Abróchame la camisa por detrás que el imbécil este no puede! –Dice refiriéndose a Dani.
-¿Y quién me la abrocha a mí luego? ¿Me lo vas a poner tú con la boca? –Contesto bromeando.
-Yo con la boca te la puedo quitar si quieres. –Dice Dani con esa sonrisa de medio lado que derrite cada poro de mi piel.
-Más quisieras. –Le digo un poco nerviosa intentando aparentar todo lo contrario.
-Venga, trae. Yo te la pongo a ti y ya luego veré yo lo que hago. –Dice Flo con ternura mientras intenta poner un poco de orden entre Dani y yo. Le sonrío agradecida y le beso en la mejilla apretando su cara contra mis labios con las dos manos. Pasan los segundos y veo que ninguno de los dos se mueve, así que poso mis manos sobre la cintura y pregunto.
-¿No pretenderéis que me cambie delante vuestra, no?
-Perdona, no me había dado cuenta. –Contesta Flo mientras se empieza a sonrojar y sale finalmente del camerino.
-Yo sí que me había dado cuenta. –Dice Dani mientras se acerca a mí. –Pero tenía la esperanza de que mi sueño de esta noche se hiciera realidad. –Continúa diciéndome en susurros mientras roza sus labios con mi cuello.
-¿Qué sueño? –Pregunto un poco agitada y con la boca casi seca.
-¿De verdad lo quieres saber? –Contesta mirándome a los ojos a tan solo unos centímetros de mi cara. Me pongo nerviosa a medida que veo que cada vez se va acercando más a mí y cierro los ojos rindiéndome a ese beso que está a punto de ocurrir.
-¡Venga, Dani! ¡Deja a Anna tranquila! –Dice Flo al otro lado de la puerta justo después de golpearla un par de veces con los nudillos. Es entonces cuando pienso de nuevo en las lágrimas derramadas estos últimos años y me separo bruscamente de él.
-Dani, no.
-Lo siento. –Dice agachando la cabeza avergonzado. –No es el momento ni el lugar.
-Ni lo será nunca, Dani. –Y decirlo en voz alta me parte en trocitos que estoy ya cansada de reconstruir. –Somos amigos, no lo olvides. No lo estropees todo por una tontería. –Y por mucho que me duela, sé que para él sólo es eso, una tontería.
-Perdóname. No… no sé por qué me comporto así contigo. Déjame que te recompense invitándote luego a almorzar. –Sé que en sus palabras esta vez no hay una doble intención, sino verdadero arrepentimiento que me hace flaquear aún más.
-Mejor almorzamos algo en mi casa y practicamos un poco para ¡A bailar!, que Lola me mandó hace un rato un vídeo con el resto de la coreo.
-Hecho, pero yo llevo la comida. –Me besa en la mejilla y abre la puerta, pero justo antes de marcharse, se gira. –Por cierto, estás muy guapa con esos pelos. –Me guiña un ojo y cierra la puerta tras él. Yo suspiro y con la yema de los dedos acaricio mis labios que se han quedado con ganas de más. Mi cuerpo entero se ha quedado con ganas de más.
Me desnudo hasta dejar sólo la ropa interior y cojo de la percha los pantalones blancos. Me los pongo, seguidos de los calcetines del mismo color y luego de la camisa.
-¡Padre! ¡Abrócheme ya esto! –Digo buscando a Flo mientras salgo del camerino. Minutos más tardes estamos los tres con los brazos atados a nuestra espalda mientras cinco focos nos alumbran en el decorado acolchado. El fotógrafo no dice que tenemos que sacar ese punto infantil de locura, que nos portemos como niños. No hace falta que miremos a cámara porque dice que así queda más natural y que de paso será más fácil para nosotros, pero antes que nada quiere que nos hagamos una foto un poco más seria.
Sientan a Flo en el centro del decorado con las piernas cruzadas. Luego a Dani a su izquierda y a mí a su derecha; ambos en la misma postura y nos piden que miremos al frente. Es decir, que es sólo Flo quien tiene que mirar a cámara.
Bajan un poco la intensidad de los focos y nos dejan casi en penumbra para dar un toque tenebroso, como de manicomio. Me repasan un poco la línea negra de los ojos y se empiezan a oír los primeros disparos de la cámara. Nos mantenemos serios durante los primeros segundos hasta que Flo no puede más y suelta un comentario de los suyos que hace que nos riamos los tres aunque sigamos intentando mantener la pose.
-Venga, ya podéis hacer el cafre. –Dice el fotógrafo resignándose a sabiendas de que cuando empezamos con las risas ya no hay quien nos pare. La luz se vuelve a hacer en el estudio y Flo empieza a rodar como si fuera una croqueta hasta que pasa por encima de mí y me quejo, lo cual sirve para que se quede más tiempo sin apartarse mientras se ríe a carcajadas.
-Flooooo… siento cómo se me gangrenan las piernas. –Digo en broma. Los dos comenzamos a reír hasta que de repente veo a Dani saltar sobre nosotros y no puedo evitar gritar.
-¡Qué cabrón! –Dice Flo apartándose como puede. Yo intento hacer lo mismo pero Dani ha conseguido enredar sus piernas con las mías y me tiene prácticamente inmovilizada. Entonces con su nariz empieza a hacerme cosquillas en el cuello y yo no paro de retorcerme intentando huir mientras aparto su cara con mi frente hasta que me empieza a pegar mordiscos y chuparme la cara.
-¡Puaj! –Dice mientras se aparta rápidamente de mí. -¡Me he comido todo el maquillaje! –Y es entonces cuando le veo toda la boca cubierta de mi sombra de ojos negra.
-¡Dani! ¡Seguro que ahora se me ha corrido todo! –Protesto mientras me giro hacia una de las maquilladoras para que me retoquen. Es entonces cuando nos damos cuenta de que hace ya un rato que nos están haciendo fotos.

-Seguid, seguid. –Dice el que parece llevar la voz cantante. -Así tienes un aspecto bastante más realista. –Concluye refiriéndose a mí. Y así seguimos toda la mañana entre risas saltando uno sobre otro, empujándonos, correteando… Siento que soy niña de nuevo, que me puedo reír todo lo fuerte que quiera y que puedo disfrutar completamente de este momento sin preocuparme de nada. Que Dani y yo volvemos a ser los dos amigos que éramos antes sin mezclar más sentimiento de por medio, quizás por eso de la inocencia característica de la niñez. Cada vez que nos miramos, sonreímos, y nos decimos muchas cosas con la mirada. Que nos hemos echado de menos, que hacía tiempo que no nos lo pasábamos así de bien juntos. Nos damos cuenta de que no siempre que nos rocemos tiene por qué haber algo más allá de simple complicidad. Y por fin, me doy cuenta de que no tengo que huir de Dani porque, a pesar de todo, el sentimiento de amistad que nos unía al comienzo de todo nos sigue uniendo todavía y ahora es incluso más fuerte que entonces.