domingo, 21 de septiembre de 2014

Capítulo 14. Dificultades

Salimos de la sesión rebosando optimismo e impaciencia por ver el resultado después de que las fotos hayan sido retocadas. Flo va delante de nosotros a paso ligero y Dani y yo nos quedamos un poco más rezagados caminando agarrados por la cintura.
-Venga chicos, que tengo que recoger a Juanito del cole. –Cojo a Dani de la mano y tiro de él para llegar hasta donde está Flo.
-Vamos. –Digo sonriéndole. Él acelera un poco el paso pero no tanto como a mí me gustaría y da pequeños tirones de mi mano para que me cueste más llevarlo.
-No te preocupes, Flo, nosotros nos cogemos un taxi. Tú ahora ejerce de padre. –Dice Dani sin ni siquiera mirarme para ver si apruebo lo que está diciendo.
-¡Si hombre! ¡Un taxi! Yo me voy en metro. –Digo riéndome a sabiendas de que en breve comenzará el bombardeo de bromas hacia mí.
-Va, vete. Yo le pago el taxi a la tacaña esta.
-¿Seguro?
-Que sí turras ¡Que eres un turras! –Contesta Dani imitando a José Mota. Flo se despide de nosotros con un abrazo y a los pocos segundos vemos desaparecer su coche a lo lejos de la calle.
-¿Sabes si hay alguna parada por aquí cerca? –Pregunto mirando a los lados buscando una.
-¿Y si vamos mejor dando un paseo?
-¿En serio me vas a hacer andar ahora con la paliza que me acabáis de dar los dos en el estudio con las fotos?
-Venga, Anna. –Me coge las manos mientras me mira a los ojos y yo no puedo evitar ruborizarme hasta que finalmente agacho la mirada. –Quiero hablar contigo.
-Está bien… -Digo algo inquieta. Comenzamos a andar, esta vez mucho más separados que antes. Ahora ya no mantenemos contacto físico y mucho menos visual. –Tú dirás.
-Pues… La verdad es que no sé por dónde empezar… -Yo me pongo mucho más nerviosa, pero no digo nada para no interrumpirle. –Bueno, antes que nada te quería pedir perdón por lo del beso del otro día. Estuvo fuera de lugar y no debí hacerlo.
-No, Dani, yo…
-Espera. Déjame que hable. Yo te quiero, Anna. Te quiero desde siempre, pero quizás tienes razón en eso de que nuestra historia está escrita como una buena amistad y nada más. Puede que con esto del reencuentro haya confundido sentimientos y he mezclado las ganas de volver a verte con cosas que no tenían nada que ver.
No sé si en otro contexto, en otra situación, no sé. Quizás si tú no fueras Anna Simon y yo no fuera Dani Martínez podríamos haber tenido algo pero es evidente que siendo quienes somos no tenemos nada que hacer.
-Ya… -Asiento de acuerdo con lo que dice, aunque me encantaría que no fuese verdad.
-¿Amigos entonces?
-Siempre lo hemos sido. –Contesto intentando quitarle importancia al asunto aunque por dentro esté hecha mil pedazos.
-Me alegro. –Me abraza fuerte y frota su mano contra mi espalda. –En serio, me alegro de haberlo aclarado. –Sonrío aunque sólo lo hago para que no se sienta mal.
-Dani… creo que es mejor que ensayemos la coreo de ¡A bailar! otro día… He salido agotada de la sesión de fotos. –Y voy a necesitar toda la tarde para llorar en mi casa, pero eso mejor no se lo digo.
-¡Estás hecha una abuela! Nunca me cansaré de decírtelo. –Contesta riendo. –Pero tenemos que ensayar si queremos que el baile nos salga bien, así que ya puedes ir reponiendo energía.
-Pues no sé cómo quieres que descanse si me haces andar todo el camino hasta casa. –Contesto molesta.
-Para eso hay una solución. –Sonríe de esa forma pícara que hace ver que trama algo.
-¿Cuál? –Digo mientras me cruzo los brazos. Entonces sonríe aún más y sin que me dé tiempo a reaccionar me tira del brazo, me agarra la pierna y me hace despegar los pies del suelo apoyando mi estómago sobre su nuca para cargar con todo mi peso. -¡BÁJAME! ¡DANI! –Pataleo para poder bajar, pero me tiene bien sujeta.
-No quiero que te canses. –Dice sin parar de caminar.
-¡Dani! ¡QUE ME DUELEEEEE! –Digo gritando.
-Está bien… -Resopla y me vuelve a dejar en el suelo. –Vamos, súbete.
-¿Qué?
-Que te llevo sobre la espalda. Venga, sube.
-Dani, no pienso ir así por la calle. –Digo con risa nerviosa.
-Tú estás cansada y dices que yo tengo la culpa por hacerte andar. Pues bien, yo te llevo.
-¿Y no sería más fácil pedir un taxi?
-Me gustan los retos. –Se nota que le divierte la situación y no voy a negar que a mí también.
-Va, Dani. –Me río mientras le cojo la mano e intento tirar de él.
-No me pienso mover de aquí hasta que no te subas a mi espalda.
-Está bien… -Se supone que he perdido yo, pero en realidad una pate de mí se moría de ganas de rendirse. Dani sonríe victorioso y yo me coloco tras él, rodeo su cuello con mis brazos y doy un pequeño salto para hacer lo mismo con mis piernas y su cadera. Él coloca sus manos sobre mis muslos y los agarra con fuerza haciéndome sentir un cosquilleo en el estómago.
-¡Joder Anna! Parecía que estabas más delgada, pero no te imaginas lo que pesas.

-Imbécil. También yo pensaba que eras más fuerte. –En ese momento me doy cuenta de que todo su cuerpo está en tensión por el esfuerzo de llevarme a la espalda y, aunque no demasiado, algunos músculos se le marcan en la espalda, los hombros y los brazos. –Al final vas a ser tú quien no tenga energía para bailar. –Coloco mi boca junto a su oreja al decirlo para que me oiga bien y su olor inunda mi nariz, que automáticamente hundo en su cuello para poder respirar su aroma. Definitivamente, creo que esto va a ser mucho más difícil de lo que yo pensaba.