Salimos de la sesión rebosando
optimismo e impaciencia por ver el resultado después de que las fotos hayan
sido retocadas. Flo va delante de nosotros a paso ligero y Dani y yo nos
quedamos un poco más rezagados caminando agarrados por la cintura.
-Venga chicos, que tengo que
recoger a Juanito del cole. –Cojo a Dani de la mano y tiro de él para llegar
hasta donde está Flo.
-Vamos. –Digo sonriéndole. Él
acelera un poco el paso pero no tanto como a mí me gustaría y da pequeños
tirones de mi mano para que me cueste más llevarlo.
-No te preocupes, Flo, nosotros nos
cogemos un taxi. Tú ahora ejerce de padre. –Dice Dani sin ni siquiera mirarme
para ver si apruebo lo que está diciendo.
-¡Si hombre! ¡Un taxi! Yo me voy en
metro. –Digo riéndome a sabiendas de que en breve comenzará el bombardeo de
bromas hacia mí.
-Va, vete. Yo le pago el taxi a la
tacaña esta.
-¿Seguro?
-Que sí turras ¡Que eres un turras!
–Contesta Dani imitando a José Mota. Flo se despide de nosotros con un abrazo y
a los pocos segundos vemos desaparecer su coche a lo lejos de la calle.
-¿Sabes si hay alguna parada por
aquí cerca? –Pregunto mirando a los lados buscando una.
-¿Y si vamos mejor dando un paseo?
-¿En serio me vas a hacer andar
ahora con la paliza que me acabáis de dar los dos en el estudio con las fotos?
-Venga, Anna. –Me coge las manos
mientras me mira a los ojos y yo no puedo evitar ruborizarme hasta que
finalmente agacho la mirada. –Quiero hablar contigo.
-Está bien… -Digo algo inquieta.
Comenzamos a andar, esta vez mucho más separados que antes. Ahora ya no
mantenemos contacto físico y mucho menos visual. –Tú dirás.
-Pues… La verdad es que no sé por
dónde empezar… -Yo me pongo mucho más nerviosa, pero no digo nada para no
interrumpirle. –Bueno, antes que nada te quería pedir perdón por lo del beso
del otro día. Estuvo fuera de lugar y no debí hacerlo.
-No, Dani, yo…
-Espera. Déjame que hable. Yo te
quiero, Anna. Te quiero desde siempre, pero quizás tienes razón en eso de que
nuestra historia está escrita como una buena amistad y nada más. Puede que con
esto del reencuentro haya confundido sentimientos y he mezclado las ganas de
volver a verte con cosas que no tenían nada que ver.
No sé si en otro contexto, en otra
situación, no sé. Quizás si tú no fueras Anna Simon y yo no fuera Dani Martínez
podríamos haber tenido algo pero es evidente que siendo quienes somos no
tenemos nada que hacer.
-Ya… -Asiento de acuerdo con lo que
dice, aunque me encantaría que no fuese verdad.
-¿Amigos entonces?
-Siempre lo hemos sido. –Contesto
intentando quitarle importancia al asunto aunque por dentro esté hecha mil
pedazos.
-Me alegro. –Me abraza fuerte y
frota su mano contra mi espalda. –En serio, me alegro de haberlo aclarado.
–Sonrío aunque sólo lo hago para que no se sienta mal.
-Dani… creo que es mejor que
ensayemos la coreo de ¡A bailar! otro día… He salido agotada de la sesión de
fotos. –Y voy a necesitar toda la tarde para llorar en mi casa, pero eso mejor
no se lo digo.
-¡Estás hecha una abuela! Nunca me
cansaré de decírtelo. –Contesta riendo. –Pero tenemos que ensayar si queremos
que el baile nos salga bien, así que ya puedes ir reponiendo energía.
-Pues no sé cómo quieres que
descanse si me haces andar todo el camino hasta casa. –Contesto molesta.
-Para eso hay una solución. –Sonríe
de esa forma pícara que hace ver que trama algo.
-¿Cuál? –Digo mientras me cruzo los
brazos. Entonces sonríe aún más y sin que me dé tiempo a reaccionar me tira del
brazo, me agarra la pierna y me hace despegar los pies del suelo apoyando mi
estómago sobre su nuca para cargar con todo mi peso. -¡BÁJAME! ¡DANI! –Pataleo
para poder bajar, pero me tiene bien sujeta.
-No quiero que te canses. –Dice sin
parar de caminar.
-¡Dani! ¡QUE ME DUELEEEEE! –Digo
gritando.
-Está bien… -Resopla y me vuelve a
dejar en el suelo. –Vamos, súbete.
-¿Qué?
-Que te llevo sobre la espalda.
Venga, sube.
-Dani, no pienso ir así por la
calle. –Digo con risa nerviosa.
-Tú estás cansada y dices que yo
tengo la culpa por hacerte andar. Pues bien, yo te llevo.
-¿Y no sería más fácil pedir un taxi?
-Me gustan los retos. –Se nota que
le divierte la situación y no voy a negar que a mí también.
-Va, Dani. –Me río mientras le cojo
la mano e intento tirar de él.
-No me pienso mover de aquí hasta
que no te subas a mi espalda.
-Está bien… -Se supone que he
perdido yo, pero en realidad una pate de mí se moría de ganas de rendirse. Dani
sonríe victorioso y yo me coloco tras él, rodeo su cuello con mis brazos y doy
un pequeño salto para hacer lo mismo con mis piernas y su cadera. Él coloca sus
manos sobre mis muslos y los agarra con fuerza haciéndome sentir un cosquilleo
en el estómago.
-¡Joder Anna! Parecía que estabas
más delgada, pero no te imaginas lo que pesas.
-Imbécil. También yo pensaba que
eras más fuerte. –En ese momento me doy cuenta de que todo su cuerpo está en
tensión por el esfuerzo de llevarme a la espalda y, aunque no demasiado,
algunos músculos se le marcan en la espalda, los hombros y los brazos. –Al final
vas a ser tú quien no tenga energía para bailar. –Coloco mi boca junto a su
oreja al decirlo para que me oiga bien y su olor inunda mi nariz, que
automáticamente hundo en su cuello para poder respirar su aroma.
Definitivamente, creo que esto va a ser mucho más difícil de lo que yo pensaba.