Todo está oscuro. El ruido
ensordecedor del público aplaudiendo inunda el plató, pero yo sólo soy capaz de
oír los latidos de mi corazón a mil por hora y sentir el fuerte bombeo de la
sangre que me recorre todo el cuerpo. Dani me aprieta fuerte la mano y comienza
a caminar decidido tirando de mí. No hay vuelta atrás, sólo la posibilidad de
que falle la música o algún foco y podamos atrasarlo aunque sea unos minutos.
Me viene a la mente mi primera
actuación en Tu cara me suena. Me sentía completamente igual, aunque en ese
momento estaba sola. Ahora tengo a Dani sosteniendo mi mano con fuerza,
transmitiéndome ese positivismo que tanto le caracteriza.
Llegamos a oscuras al centro del
plató donde está el banco en el que se desarrolla el comienzo de nuestra
coreografía. Nos sentamos y Dani me da un beso en el cuello de los que hacen
que se te erice la piel. Apoya su frente en mi cabeza y me susurra tan solo dos
palabras que me hacen estar en paz.
-Estoy contigo.
La música comienza a sonar y sin
necesidad de pensar los movimientos, comenzamos a movernos de forma natural,
acostumbrados ya por tantas horas de ensayo. Su mano en mi brazo, su boca en mi
cuello, mi pierna rodeando la suya. Nos separamos y nos volvemos a unir en un
baile de amor y desamor, de personas que quieren estar juntas y no pueden, de
nosotros.
Llega la parte final en la que Dani
sólo tiene que seguirme caminando y soy yo la que tiene que hacer multitud de
pasos y giros hasta tumbarme delicadamente en el suelo y colocarme en posición
fetal. Es ya el turno de Dani, que me coge del pie y tira de mí deslizándome un
poco sobre el escenario, se tumba a mi lado y pasa por encima de mí, aunque yo
tan sólo le veo la espalda. Entonces clava la rodilla en el suelo, me mira, me
acaricia suavemente la cara, se pone de pie y tira fuertemente de mi mano
cogiéndome en brazos. Mis piernas rodean su cadera y nos apretamos fuerte el
uno contra el otro tal y como nos dijo Lola. Nos miramos a los ojos, unimos
nuestras frentes y hacemos que nuestras narices se rocen. Ese era el final
pactado. Recuerdo perfectamente cómo en los ensayos bromeábamos diciendo que el
público se quedaría con ganas de más y yo pensaba que la que se quedaba con
ganas de más era yo, pero hoy en el escenario parece que también él siente lo
mismo. Recorre mi espalda con su mano derecha subiendo hasta mi nuca y me
sorprende con un beso que pensé que nunca llegaría. Un beso cálido que me deja
paralizada. Aturdida, sin saber muy bien lo que significa.
-¡Bueno, bueno, bueno! –Oigo decir
a Mónica entre los aplausos de la gente. - ¡Cuánta pasión sobre el escenario!
Yo apoyo mis pies sobre el suelo
mientras Dani agacha la cabeza y nos colocamos junto a Mónica que nos saluda y
nos da dos besos.
-¡Pero qué bien habéis estado! ¿Y
ese beso final? A mí me habéis matado. –Yo no contesto, no sé hacerlo.
-Nunca está de más dar un poco de
espectáculo ¿No? –Dice Dani mientras mete las manos en los bolsillos para
hacernos ver a todos que está muy tranquilo.
-¿Pero lo teníais pactado, Anna?
–Me pregunta Mónica que se da cuenta de que estoy un poco ida.
-A mí me ha pillado tan de sorpresa
como a ti. –Miro a Dani buscando una explicación, pero él ni siquiera se da
cuenta.
-¡Tú lo que eres es un listo!
–Bromea Mónica mientras le da un golpecito en el hombro.
-Bueno, no voy a negar que me he
aprovechado un poco de la situación. –Contesta él riéndose.
-Está bien, vayamos a ver qué os
tiene que decir el jurado. –Mónica rodea mi cintura por detrás con su mano y
nos lleva frente a la mesa con aquellos tres grandes del baile. Comienzan a
hablar, pero tan sólo soy capaz de oír algunas frases. “Se notaba que había
química”, “Os compenetráis muy bien”, “Me ha encantado ese beso final”, “Se
nota que habéis pasado mucho tiempo juntos”, “Habéis sido muy generosos el uno
con el otro”…
Terminamos de grabar y vamos
directos al camerino. Dani no comenta nada del beso y yo necesito saber si para
él ha significado algo. Entramos dentro y cierro la puerta, cojo fuerzas y sin
pensármelo demasiado para no acabar echándome atrás, me decido a preguntárselo.
-Oye, ve cambiándote tú que yo
tengo que hacer una llamada. –Dice antes de que me haya dado tiempo a hablar y
se va.
Yo me quedo pensativa, pero tampoco
me concedo demasiados minutos porque sé que vamos con el tiempo muy justo y ya
nos está esperando el coche que nos llevará a la Calle Alcalá. Me desnudo
rápidamente y me pongo los vaqueros y la camiseta con las Converses que llevaba
antes. Cojo el bolso y saco el móvil por si me ha llamado alguien, pero tan
sólo tengo un whatsapp. De él.
“Vete ya. He hablado con Flo y
llegaré más tarde”
No entiendo nada, pero me limito a
hacerle caso y me subo al coche que me esperaba en la puerta. En menos de media
hora llego al otro plató y el ambiente que se respira allí es totalmente
diferente. Todos me saludan alegremente, me preguntan por la grabación e
intentan tranquilizar mis nervios causados por el estreno.
Mientras tanto, yo me sigo
preguntando dónde estará Dani y por qué se comporta tan raro conmigo si ha sido
él quien me ha besado a mí y no al revés.
Hacemos un último ensayo de algunas
secciones y a la hora de comer sigue sin haber aparecido. Hay un hueco vacío en
la mesa justo en frente de mí, donde él se sentaba siempre en los otros
programas. Su sitio.
Cuando acabamos de comer quedan tan
sólo dos horas para el estreno y sigo sin tener noticias de Dani, así que voy
al despacho de Flo en busca de respuestas.
Llamo a la puerta dando dos
golpecitos con los nudillos y entro sin esperar respuesta como hago siempre y
le veo sentado frente a su escritorio viendo algunos de los vídeos que entrarán
en la escaleta de hoy.
-Hola padre. –Digo mientras me
siento en el sofá.
-Hola Saimon ¿Qué pasa?
-Nada… Es que estoy preocupada por
Dani ¿Sabes dónde está?
-Ni idea. –Contesta despreocupado.
-Pero estrenamos en menos de dos
horas ¿Y si no aparece?
-Anna, Dani nunca nos ha fallado y
hoy tampoco lo hará.
-¿Y si le pasa algo? Estaba muy
raro cuando acabamos de grabar esta mañana.
-En ese caso él sabe que somos una
familia. Si en algún momento quiere hablar conmigo no dudará en hacerlo. –Yo agacho
la mirada sin estar todavía convencida del todo. –No te preocupes, Anna. Seguro
que está bien. –Se levanta de la silla y camina hacia la puerta. –Me voy a ver
cómo van las cosas en el plató ¿Te vienes?
-No, creo que me voy a quedar aquí
un rato. –Flo se va cerrando la puerta tras él y yo me tumbo en el sofá
pensando en ese beso, echando de menos cuando ayer mismo dormimos juntos la
siesta y hoy en cambio hace horas que no tengo noticias de él.