lunes, 16 de febrero de 2015

Capítulo 21. Decisiones

Después de todo el camino acompañado de miradas y risas nerviosas, por fin llegamos al piso de Dani, que abre la puerta y se echa a un lado para que pase yo primero.
-¿Quieres tomar algo?
-No sé… Una Coca cola. –Contesto aunque en realidad no me apetece mucho beber.
-¡Marchando! Siéntate si quieres mientras la preparo. –Yo obedezco y me siento en el sofá del salón. Dani no tarda ni un minuto en volver pero ese tiempo se me hace eterno ¿Por qué desde que salimos del baño está tan distante? –Aquí estoy –Dice mientras aparece por la puerta con un vaso en cada mano y se sienta a mi lado.
-¿Tú también Coca cola o le has echado un chorrito de ron? –Sonrío de forma un poco pícara.
-Sólo Coca cola. No me gusta ser el único que bebe. –Ambos nos quedamos un rato en silencio sin saber muy bien qué decir, así que decido dejar de lado las palabras y pasar a los hechos. Me acerco todo lo que puedo a él en el sofá y, apoyando mi cuerpo sobre el suyo, coloco mi mano en su cuello para besarle de la forma más pasional que sé. Luego le beso la barbilla y bajo despacio a su cuello notando como su respiración se empieza a agitar.
-Oye ¿Qué tal si ponemos Neox un rato? –Se separa rápidamente de mí para coger el mando que está sobre la mesa y enciende la tele. Yo me quedo callada sin entender nada. Lo único que me ha quedado claro es que no quiere que le bese, de modo que me siento en la otra punta del sofá y miro fijamente a la televisión con los brazos cruzados.
-Pues muy bien. –Digo de forma irónica pero no obtengo respuesta. Dani está tan tenso como yo. Noto en su cara que se siente incómodo y que sabe que estoy molesta, pero no entiendo a qué se debe ese cambio de actitud. Esta mañana casi nos pillan en su camerino, luego en el programa ha estado súper cariñoso. Después en el bar no me hace ni caso y cuando voy a hablar con él me come a besos en el cuarto de baño. Y ahora que nos venimos a su casa para tener más intimidad, me dice que se quiere poner a ver Neox. –Me esperaba otra cosa, la verdad. –Digo buscando explicaciones.
-¿Cómo? –Contesta fingiendo que no sabe a lo que me refiero.
-Pues eso, que para ver la tele me habría quedado en el bar. Me llegan a decir hace un mes que te vas a subir a una chica a tu casa para hacer esto y es que no me lo creo. No sé, Dani… hemos estado meses sin despegarnos el uno del otro y ahora me traes aquí y ni siquiera hablas ¿No te das cuenta? Nos hemos besado Dani, no sé qué es lo que hay ahora mismo entre nosotros pero algo hay que se supone debería hacernos estar más unidos y lo único que veo es que de repente estás más distante que nunca. –Y al decirlo en voz alta me doy cuenta de que es verdad, que volvemos a estar separados como antes.
-Anna yo… -Dani se sienta en el filo del sofá y se tapa la cara con las manos apoyando los codos en sus rodillas. Respira hondo y me mira con una tristeza en los ojos que me parte en pedacitos. –Esto es precisamente lo que no quiero que pase.
-Pues es lo que está pasando. –Le interrumpo enfadada.
-Pero es que no sé cómo frenarlo.  –Me coge la mano y la aprieta con fuerza. –Anna, eres una persona muy especial y por fin me he dado cuenta de eso ¿Sabes? Me encanta estar contigo, llevarte a cenar un perrito caliente a la calle, ensayar una coreografía para la tele, verte en el camerino a escondidas… pero no sé cómo debo actuar ante todo esto. Quiero decir que ahora mismo me encantaría desnudarte e ir descubriéndote poco a poco mientras te acaricio y te lleno de besos, aprovechar al máximo que te tengo ¿Pero qué pasará cuando tengamos un problema  que no podamos solucionar? Yo no puedo perderte otra vez, Anna, no podría.
-Dani, creo que ya es demasiado tarde para pensar en eso. Ambos hemos cruzado la línea y lo sabes tan bien como yo.
-Y por eso me siento culpable y me veo en la obligación de ser quien frene esto. Es mejor así.
-¿Mejor para quién? ¿Crees que ahora podemos hacer como si no hubiera pasado nada? Porque yo no puedo hacer eso, Dani.
-Lo hago porque no sabría dejar de ser amigo tuyo, Anna.
-Es que yo ya no sé ser sólo tu amiga.
-Ni yo. –Contesta agachando la mirada. Me vuelvo a acercar a él para besarle y aunque se echa hacia atrás para apartarse de mí, sé que tiene tantas ganas como yo, de modo que me siento sobre él a horcajadas y le beso sosteniendo su cara con fuerza para que no pueda escapar. Durante un par de segundos intenta apartarme agarrando mis muñecas, pero enseguida baja sus manos hacia mi cadera y me aprieta aún más contra él. Sin parar de besarnos me quito rápidamente la camiseta y luego se la quito a él. Luego me desabrocha el sujetador, me lo quita de un tirón y cubre mis pechos con sus manos mientras me besa el cuello haciendo que ambos nos excitemos cada vez más. Me aparta hacia un lado tumbándome en el sofá y de un solo movimiento me quita los pantalones y las braguitas al mismo tiempo. Luego hace lo mismo con su propia ropa y se coloca entre mis piernas haciendo que nuestros miembros se rocen y comencemos a gemir.
-No te vas a arrepentir de esto, Dani. –Le digo mientras acaricio su labio inferior con mi dedo pulgar.
-Tú tampoco. –Contesta él justo cuando se cuela en mi interior. Es entonces cuando empiezan las sacudidas, una tras otra en movimientos secos y totalmente controlados por él. Nos teníamos tantas ganas que ni siquiera somos capaces de hablar, sólo nos miramos, nos devoramos y nos conocemos en una faceta que nunca antes habíamos visto.
Finalmente acabamos en su cama que es mucho más espaciosa y más cómoda que el sofá. Allí seguimos con los besos, las caricias y la pasión hasta que caemos agotados uno al lado del otro mirando hacia el techo mientras intentamos estabilizar nuestra respiración.
-Entonces dices que sólo quieres ser mi amigo ¿No? –Digo riéndome mientras me giro hacia él.
-No me vuelvas a dejar tomar decisiones. –Estira sus brazos y me atrae hacia él para abrazarme. Yo apoyo la cabeza en su pecho y me agarro también a sus brazos.
-No pensaba hacerlo.
-Pues había decidido levantarme a hacer la cena, pero tienes razón, no se me da bien decidir.

-Decido que te levantes y hagas la cena. –Me levanto un poco apoyándome sobre mi codo y le doy un beso. –O mejor, decido que te levantes, hagas la cena y te vuelvas a venir aquí conmigo para no volver a salir nunca más de entre estas sábanas.