Después de todo el camino
acompañado de miradas y risas nerviosas, por fin llegamos al piso de Dani, que
abre la puerta y se echa a un lado para que pase yo primero.
-¿Quieres tomar algo?
-No sé… Una Coca cola. –Contesto
aunque en realidad no me apetece mucho beber.
-¡Marchando! Siéntate si quieres
mientras la preparo. –Yo obedezco y me siento en el sofá del salón. Dani no
tarda ni un minuto en volver pero ese tiempo se me hace eterno ¿Por qué desde
que salimos del baño está tan distante? –Aquí estoy –Dice mientras aparece por
la puerta con un vaso en cada mano y se sienta a mi lado.
-¿Tú también Coca cola o le has
echado un chorrito de ron? –Sonrío de forma un poco pícara.
-Sólo Coca cola. No me gusta ser el
único que bebe. –Ambos nos quedamos un rato en silencio sin saber muy bien qué
decir, así que decido dejar de lado las palabras y pasar a los hechos. Me
acerco todo lo que puedo a él en el sofá y, apoyando mi cuerpo sobre el suyo,
coloco mi mano en su cuello para besarle de la forma más pasional que sé. Luego
le beso la barbilla y bajo despacio a su cuello notando como su respiración se
empieza a agitar.
-Oye ¿Qué tal si ponemos Neox un
rato? –Se separa rápidamente de mí para coger el mando que está sobre la mesa y
enciende la tele. Yo me quedo callada sin entender nada. Lo único que me ha
quedado claro es que no quiere que le bese, de modo que me siento en la otra
punta del sofá y miro fijamente a la televisión con los brazos cruzados.
-Pues muy bien. –Digo de forma
irónica pero no obtengo respuesta. Dani está tan tenso como yo. Noto en su cara
que se siente incómodo y que sabe que estoy molesta, pero no entiendo a qué se
debe ese cambio de actitud. Esta mañana casi nos pillan en su camerino, luego en
el programa ha estado súper cariñoso. Después en el bar no me hace ni caso y
cuando voy a hablar con él me come a besos en el cuarto de baño. Y ahora que
nos venimos a su casa para tener más intimidad, me dice que se quiere poner a
ver Neox. –Me esperaba otra cosa, la verdad. –Digo buscando explicaciones.
-¿Cómo? –Contesta fingiendo que no
sabe a lo que me refiero.
-Pues eso, que para ver la tele me
habría quedado en el bar. Me llegan a decir hace un mes que te vas a subir a
una chica a tu casa para hacer esto y es que no me lo creo. No sé, Dani… hemos
estado meses sin despegarnos el uno del otro y ahora me traes aquí y ni
siquiera hablas ¿No te das cuenta? Nos hemos besado Dani, no sé qué es lo que
hay ahora mismo entre nosotros pero algo hay que se supone debería hacernos
estar más unidos y lo único que veo es que de repente estás más distante que
nunca. –Y al decirlo en voz alta me doy cuenta de que es verdad, que volvemos a
estar separados como antes.
-Anna yo… -Dani se sienta en el
filo del sofá y se tapa la cara con las manos apoyando los codos en sus
rodillas. Respira hondo y me mira con una tristeza en los ojos que me parte en
pedacitos. –Esto es precisamente lo que no quiero que pase.
-Pues es lo que está pasando. –Le
interrumpo enfadada.
-Pero es que no sé cómo
frenarlo. –Me coge la mano y la aprieta
con fuerza. –Anna, eres una persona muy especial y por fin me he dado cuenta de
eso ¿Sabes? Me encanta estar contigo, llevarte a cenar un perrito caliente a la
calle, ensayar una coreografía para la tele, verte en el camerino a escondidas…
pero no sé cómo debo actuar ante todo esto. Quiero decir que ahora mismo me
encantaría desnudarte e ir descubriéndote poco a poco mientras te acaricio y te
lleno de besos, aprovechar al máximo que te tengo ¿Pero qué pasará cuando
tengamos un problema que no podamos
solucionar? Yo no puedo perderte otra vez, Anna, no podría.
-Dani, creo que ya es demasiado
tarde para pensar en eso. Ambos hemos cruzado la línea y lo sabes tan bien como
yo.
-Y por eso me siento culpable y me
veo en la obligación de ser quien frene esto. Es mejor así.
-¿Mejor para quién? ¿Crees que
ahora podemos hacer como si no hubiera pasado nada? Porque yo no puedo hacer
eso, Dani.
-Lo hago porque no sabría dejar de
ser amigo tuyo, Anna.
-Es que yo ya no sé ser sólo tu
amiga.
-Ni yo. –Contesta agachando la mirada.
Me vuelvo a acercar a él para besarle y aunque se echa hacia atrás para
apartarse de mí, sé que tiene tantas ganas como yo, de modo que me siento sobre
él a horcajadas y le beso sosteniendo su cara con fuerza para que no pueda
escapar. Durante un par de segundos intenta apartarme agarrando mis muñecas,
pero enseguida baja sus manos hacia mi cadera y me aprieta aún más contra él.
Sin parar de besarnos me quito rápidamente la camiseta y luego se la quito a
él. Luego me desabrocha el sujetador, me lo quita de un tirón y cubre mis
pechos con sus manos mientras me besa el cuello haciendo que ambos nos
excitemos cada vez más. Me aparta hacia un lado tumbándome en el sofá y de un
solo movimiento me quita los pantalones y las braguitas al mismo tiempo. Luego
hace lo mismo con su propia ropa y se coloca entre mis piernas haciendo que
nuestros miembros se rocen y comencemos a gemir.
-No te vas a arrepentir de esto,
Dani. –Le digo mientras acaricio su labio inferior con mi dedo pulgar.
-Tú tampoco. –Contesta él justo
cuando se cuela en mi interior. Es entonces cuando empiezan las sacudidas, una
tras otra en movimientos secos y totalmente controlados por él. Nos teníamos
tantas ganas que ni siquiera somos capaces de hablar, sólo nos miramos, nos devoramos
y nos conocemos en una faceta que nunca antes habíamos visto.
Finalmente acabamos en su cama que
es mucho más espaciosa y más cómoda que el sofá. Allí seguimos con los besos,
las caricias y la pasión hasta que caemos agotados uno al lado del otro mirando
hacia el techo mientras intentamos estabilizar nuestra respiración.
-Entonces dices que sólo quieres
ser mi amigo ¿No? –Digo riéndome mientras me giro hacia él.
-No me vuelvas a dejar tomar
decisiones. –Estira sus brazos y me atrae hacia él para abrazarme. Yo apoyo la
cabeza en su pecho y me agarro también a sus brazos.
-No pensaba hacerlo.
-Pues había decidido levantarme a
hacer la cena, pero tienes razón, no se me da bien decidir.
-Decido que te levantes y hagas la
cena. –Me levanto un poco apoyándome sobre mi codo y le doy un beso. –O mejor,
decido que te levantes, hagas la cena y te vuelvas a venir aquí conmigo para no
volver a salir nunca más de entre estas sábanas.