¡Mierda! ¡Las 5 y cuarto y todavía
no he salido de casa! ¡Y encima el móvil no para de sonar! Dejo el peine sobre
el lavabo voy corriendo hacia mi
habitación donde lo dejé mientras me estaba vistiendo, pero con tanta ropa
esparcida por toda la cama no sería capaz de encontrar ni un elefante. Me quedo
quieta de rodillas sobre la cama un par de segundos e intento escuchar de dónde
viene exactamente el sonido, hasta que por fin levanto una camiseta de tirantes
y lo veo vibrar mientras se le ilumina la pantalla con una foto de Dani
sonriendo. Sí, con esa sonrisa tan bonita que hasta duele.
-Perdón, perdón, perdón, perdón,
perdón, perdón –Digo rápidamente justo después de descolgar el teléfono sin
dejar ni siquiera que él hable.
-Verás… es que esta mañana he
pedido una Anna Simon para llevar y hace ya 15 minutos que debería estar aquí. –Y
noto en su voz cómo sonríe al otro lado.
-No se preocupe, su Anna Simon está
ya en camino. –Digo mientras corro hacia el cuarto de baño de nuevo para
intentar seguir peinándome con la mano que me queda libre.
-No has salido de casa todavía ¿Verdad?
-No. -Contesto en voz baja como si
así tuviera menos culpa. –Pero te prometo que en 20 minutos estoy en tu casa
calentando y todo. –Esta parte la digo más rápida de lo normal para que no le
dé tiempo a interrumpirme y lo escuche.
-Yo creo que a mí no me va a hacer
falta calentar… Con el abracito de esta mañana ya he tenido bastante.
-Uy, Martínez, veo que está usted
muy necesitado.
-¿Por qué te crees que he pedido
una Anna Simon para llevar?
-¿Para eso me quieres? –Digo un poco
molesta.
-¿Qué llevas puesto?
-Vete a la mierda, Dani.
-Venga, Anna, no te enfades que era
broma.
-Pues no sé donde está la gracia. –Contesto
mucho más seria que antes.
-Anna, en serio, que era una broma.
-Me da igual, Dani. Estoy harta ya
de ese tema.
-Lo siento.
-Lo siento y se arregla todo ¿No? –No
me gusta ponerme así con él y normalmente paso de ese tipo de comentarios, pero
me duele que sea precisamente Dani quien haga la gracia.
-No, Anna, es que… soy un imbécil.
No sé ni por qué lo he dicho. –Respiro hondo mientras intento poner mis ideas
claras y finalmente contesto.
-Mira, es mejor que ensayemos el
baile otro día. Hoy me quedo en casa. –Y no es que no me apetezca verle, sino
que todo lo que le pueda decir ahora sólo serviría para empeorar la situación.
-Está bien… -Y sin decir nada más,
cuelgo. Me quedo pensando en él, en cómo se habrá quedado y en que realmente no
lo ha hecho con mala intención, pero sabe perfectamente que lo he pasado muy
mal con ese tema y no entiendo por qué ha tenido que sacarlo a relucir.
En el salón, me quito las
zapatillas de deporte que finalmente hoy no voy a usar, me siento en el sofá y
pongo los pies sobre la mesa mientras hago un poco de zapping para intentar ocupar
mi mente como sea. Al final, como siempre, acabo viendo Neox.
A ratos siento una tentación
irremediable de ir a por el móvil y hablar con él aunque sólo sea por Whatsapp,
pero luego me enfado pensando que debería ser él quien me escribiera a mí para
pedirme perdón, así que sigo con mis series y hago como si el resto del mundo
no existiera.
Veo Dos hombres y medio, luego un
capítulo de Big Bang y cuando termina, empieza otro de Cómo conocí a vuestra
madre. Sólo me levanto del sofá para ir al baño o comer alguna que otra galleta
en la cocina hasta que llaman al timbre. Me lo pienso dos veces antes de
levantarme. No espero a nadie, así que prefiero fingir que no estoy en casa.
Pasan los segundos y el timbre vuelve a sonar.
Me levanto como si los brazos me
pesaran una barbaridad mientras miro al techo pidiéndole explicaciones a Dios o
a quien quiera que sea que esté ahí arriba (y no me refiero al vecino) de por
qué no puedo tener una tarde tranquila sin que nadie me moleste.
Llego a la puerta arrastrando los
pies y giro el pomo sin ganas mirando al suelo, pero cuando alzo la vista le
veo frente a mí, sonriendo pero con la mirada triste mientras sostiene un bol
hasta arriba de palomitas.
-¿Me perdonas?
-Anda… pasa. –Digo echándome a un
lado mientras intento esconder la ilusión que me ha hecho encontrármelo ahí de
pie.
-Te he traído palomitas porque
supuse que estarías viendo series tirada en el sofá. –Y clavando sus ojos
tristes en los míos, estira los brazos hacia mí ofreciéndome el bol.
-Gracias. –Digo en voz baja
mientras lo cojo.
-Bueno, yo… ya me voy. –Se acerca a
mí y da dos besos tímidos haciendo que su aroma me embriague al entrar por mis
fosas nasales.
-Ya que estás aquí, quédate si
quieres.